COMBONI COMO HOY

N. 24 (22) - A SU PADRE

AFC



Korosko, 9 de diciembre de 1857



Mi queridísimo y buen padre:



[181] Habiendo dispuesto la Providencia de Dios que no llegasen hasta ahora camellos suficientes para poder efectuar nosotros con todas nuestras cosas la travesía del desierto, nos vimos obligados a permanecer en Korosko hasta este momento; por eso creo oportuno escribirte antes de mi partida, esperando que hacia mediados de enero hayas recibido la carta.

[182] ¿Qué hacemos nosotros mientras tanto? Pasamos los días entre la esperanza y la irresolución. Un día teníamos una noticia de las caravanas que volvían del desierto; al día siguiente venían barcos con presos encadenados que debían aprovechar los camellos recién llegados para ir a cumplir su condena un poco más allá de Jartum, en el Bahar-el-Azrek, al igual como se hace en Rusia, donde los delincuentes condenados a cadena perpetua son enviados a Siberia, para que poco a poco se mueran de frío, como estos presos egipcios habrán de morir poco a poco de calor; otro día más tarde proyectábamos atravesar Dongola e ir a Jartum por el desierto de Bayuda, que es mucho menos peligroso que el de Nubia que vamos a pasar; pero había el inconveniente de que se necesita emplear en ello tres e incluso cuatro meses a causa del paso de Wady-Halfa y de otras siete cataratas del Nilo.

[183] Sin embargo, al cabo de dos semanas largas, Dios quiso que llegase una caravana de Berber; con los camellos de la cual saldremos mañana de Korosko hacia el desierto, habiéndose hecho ya el contrato y entregado como anticipo al Habir de nuestra caravana una cantidad correspondiente a poco más de 200 táleros.

[184] Pero, mientras, ¿sabes, querido padre, qué pensamientos ocupaban mi mente? El generoso sacrificio que vosotros dos habéis hecho es siempre para mí objeto de meditación; y creo en el fondo de mi alma que padres más afortunados que vosotros hay pocos en el mundo. Porque, ¿cuáles son los padres que mejor desempeñan y cumplen su Misión? Napoleón decía: los que dan más hijos al Estado. Y lo mismo un antiguo filósofo: los que dan más hijos a la Patria. Pero nuestra santísima religión, en cambio, afirma que cumplen más perfectamente su Misión los padres que procrean hijos para el cielo. Pues bien, ¿acaso no sois vosotros de estos últimos?

[185] Pero vuestra suerte es todavía mayor. Porque vuestro único hijo no solamente ha sido encaminado por vosotros para el cielo, sino que ha sido llamado por Dios a la conversión de los infieles, y por tanto a un estado en que todo se dirige a mandar al cielo otras almas que ahora se hallan en las tinieblas y en las sombras de muerte. Y este hijo, que era todo vuestro patrimonio en la tierra, lo habéis consagrado completamente a Dios, no reservando para vosotros más que el perenne sacrificio de su lejanía, e incluso de su pérdida por amor a Jesucristo.

[186] ¿Y quién hay en el mundo que haya hecho esto con tanta generosidad? Sólo los llamados por Dios a grandes cosas, como Sta. Felícitas, la madre de los Macabeos, y otras almas que fueron especialmente queridas por Dios.

Y no digáis que, al fin y al cabo, este hijo vuestro, que habéis dado, es un pobre tonto, ignorante, inútil, incapaz de emprender nada, porque aunque sea verdad que soy tal, sin embargo vosotros me habéis sacrificado a Dios como si fuese un Salomón, un Apóstol S. Pablo. De modo que aunque yo sea un siervo inútil e incapaz; aunque no haga nada; aunque –es un decir– me volviese apóstata (¡el Señor me proteja!), vosotros habéis ganado ante Dios tanto mérito como si hubieseis dado a la Iglesia un S. Agustín, un Javier, un S. Pablo, porque Dios no tiene en cuenta la grandeza de las cosas, que todas son menos que cero comparadas con El, sino lo grande del cariño con que se dan, como J. C. agradeció que S. Pedro dejase todas sus cosas por seguirle, las cuales no consistían más que en una barquita toda rota y agujereada y en unas pocas redes todas destrozadas; pero S. Pedro lo dejó todo, y el Evangelio le ensalza como si hubiese dejado un reino; porque el pobre campesino aprecia tanto su modesto y rústico lar como el monarca su capital.

[187] Pues bien, vosotros sois de los que han dado todo por Jesucristo. Y no me digáis tampoco que son felices los padres que viven junto a sus hijos. ¡Ay!, éstos tienen en la tierra parte de su paraíso, y en el lecho de muerte, cuando las delicias pasadas ya no se saborean y se conocen demasiado bien las cosas en su esencia, en el lecho de muerte, digo, tendrán el amargo pesar de no haber hecho nada por el Señor, mientras que vosotros gritaréis entonces llenos de júbilo: ¡¡¡Bendito el Señor, que me ha guiado por el camino de la Cruz y ahora me devuelve centuplicada merced!!!

[188] Animo, pues, querido padre mío: yo siempre tengo el corazón vuelto hacia vosotros, hablo con vosotros todo el día, soy parte de vuestros afanes, y saboreo de antemano las delicias que Dios os reserva en el cielo. Animo, pues. Sea Dios el centro de comunicación entre vosotros y yo. Guíe El nuestras empresas, nuestros asuntos, nuestros destinos, y alegrémonos: que tenemos un buen amo, un fiel amigo, un padre amoroso.

[189] Acuérdate sobre todo de confiar en este buen Padre, y de ser humilde; porque las gracias que el Señor te ha hecho y te hará no te han sido concedidas por tus méritos, sino por su misericordia.

[190] Yo me encuentro en perfecta salud, como todos mis compañeros, que son también mis superiores, y a los que ni siquiera soy digno de hacer de siervo, porque es tal su bondad que en comparación con ella mis acciones son delitos. Ellos os saludan a los dos y desean que roguéis al Señor por nuestra misión. Esperamos llegar por la Epifanía a Jartum, desde donde dentro de enero saldremos para el Bahar-el-Abiad.

[191] Da un cariñoso saludo a mamá, la cual te recomiendo de todo corazón; ten paciencia con ella, y disculpa sus defectos, que ella disculpará los tuyos. Al lado de Dios, todos estamos llenos de defectos. Así que paciencia y caridad, para que Dios también sea indulgente con nosotros. Dale un cariñoso beso de mi parte, procurando que no le falte de nada, sin reparar ni en campo ni en ninguna otra cosa, que Dios proveerá en todo.

[192] Muchos saludos a Eustaquio, a Herminia, al tío José, a nuestros parientes de Riva, Limone, Bogliaco y Maderno; al Sr. Rector, al Sr. Beppo Carettoni, a Patuzzi y familia, al Abuelo D. Ben, al Sr. Ragusini, a Vicente, al Médico, a Risatti, a Rambottini, a nuestro patrón, y a todos. Saluda igualmente al agente del vapor Meneghelli, en correspondencia a sus saludos; tengo la impresión de que es un hombre de bien y un buen cristiano. ¡Adiós! ¡¡¡Adiós!!!



Tu afmo. hijo Daniel