Queremos informar, para los que esten interesados, del proyecto de reproducir modelos de la cruz pectoral en laton de Mons. Daniel Comboni

El proyecto es una iniciativa que ha nacido entre los combonianos del Congo. La Cruz puede ser un regalo significativo con ocasion de primeras profesiones, jubileos, familiares, bienechores, amigos. Si puede colgar en la pared y apoyar encima de la mesa.

CARATERISTICAS

La Cruz es de laton
Dimensiones: mm. 110x72x4
Peso: gr. 60

· Es ligeramente mas ligera que la original
· Embellecida con finas incisiones
· Tiene un tratamiento antioxidante
· Precio previsto € 11,00 (incluso menos dependiendo del numero de pedidos)
· Hacer los pedidos antes del mes de agosto 2005 a:
Hno. Genesio Maroso de la comunidad de Padova, e-mail: genesiomaroso@hotmail.com


· La entrega esta prevista hacia finales de este año.

Por favor, inviar los pedidos al Hno G. Maroso, y no a la Curia de Roma. Gracias.

P. Giuseppe Sandri
(secretario general)


DANIEL COMBONI TESTIMONIO DE SANTIDAD Y MAESTRO DE MISIÓN


Carta de los tres Consejos Generales
de los Institutos Combonianos
con motivo de la canonización
del Fundador Daniel Comboni


UNA CRUZ DE LATÓN


Según el testimonio de su sobrino segundo, Eugenio, después de la muerte de Daniel Comboni, “vino un misionero de África a confortar al padre de Monseñor y le trajo una cruz pectoral de latón. La cruz de batalla, como él la llamaba. Era la cruz que el obispo llevaba ordinariamente, pues la cruz preciosa que le había regalado Pío IX decía que la tenía para cuando San José tuviese un resfriado, en cuyo caso se privaría de ella. Esta frase la oyó él mismo de labios de Mons. Comboni. La cruz de latón, después de la muerte del señor Luigi, pasó a mis manos, y la conservo como un precioso recuerdo, y no querría deshacerme de ella” (P II, p. 1235).

Con esta su cruz de latón, colgada constantemente del cuello, Comboni, sin hablar, nos hace entender el elemento esencial de su santidad misionera: las actitudes auténticas y los pasos de la radicalidad evangélica que lo hacen avanzar en su ideal sin desviarse. Parece que Comboni nunca tuvo necesidad de vender la cruz preciosa; le bastó la cruz de latón para encarnar toda una estrategia nueva de liberación y regeneración de las personas y de la sociedad según el proyecto del Reino y para trasmitirnos a nosotros, familia comboniana, un legado que nos interpela hoy más que nunca.

Por eso, no es ninguna vergüenza mirar a aquella pobre cruz y llevarla idealmente con nosotros, como si fuera la más preciosa reliquia: signo de su fidelidad a la misión y estímulo para nuestra fidelidad; signo de la continuidad de la obra en su persona y distintivo de una gran familia misionera que cuenta entre los suyos a un Antonio María Roveggio, a una Marietta Scandola -cuyo centenario de la muerte se cumple justamente el día 1 de septiembre de este año-, a las misioneras y misioneros de la Mahdia, a Bernardo Sartori, Giuseppe Ambrosoli y tantos otros...

Su cruz de latón nos dirá siempre que, con fe simple e inquebrantable, con sudor y heridas cicatrizadas o todavía abiertas, con los pobres y con medios pobres, se podrá esperar en una nueva primavera de la evangelización. De ahora en adelante, todo lo que seamos y hagamos, como misioneros y misioneras combonianos, deberá pasar por la prueba de fuego de esta cruz. “Las obras de Dios, y sobre todo las del apostolado, ...deben pasar por la vía dolorosa de la cruz y del martirio” (E 5666).


Roma, 1 de septiembre de 2003
Reproduccion en laton