Viernes, 29 de agosto 2025
En un mundo dominado por el individualismo, redescubrir el bien común significa volver a pensar en términos de solidaridad, justicia social y responsabilidad compartida. El bien común no es la suma de los bienes individuales. Es algo más elevado: es aquello que permite que cada uno de nosotros se realice junto con los demás. Es la escuela pública que forma ciudadanos, la sanidad accesible a todos, el medio ambiente que protege la vida, la justicia social que garantiza dignidad y derechos. [...]

En una época marcada por el individualismo, la fragmentación social y la crisis de los vínculos humanos, redescubrir el valor del bien común no es solo una operación cultural, sino una necesidad ética y política. Es el corazón olvidado de la democracia, el principio capaz de recomponer el tejido de una sociedad dividida entre privilegios y marginación. Recientemente, el papa León XIV, dirigiéndose a los representantes de los medios internacionales reunidos en el Vaticano, afirmó que incluso la inteligencia artificial está, debe estar, orientada al bien común.

El término “bien común” no es nuevo. Aparece en la filosofía aristotélica, en la doctrina social de la Iglesia y en los textos de los padres constituyentes de toda democracia. Aristóteles hablaba de la polis como una comunidad orientada al bien de todos los ciudadanos. Tomás de Aquino lo consideraba la orientación natural de la ley y de la convivencia humana. La Constitución italiana, en su artículo 2, menciona el “deber ineludible de solidaridad política, económica y social”. Sin embargo, a pesar de este patrimonio conceptual, hoy el bien común parece relegado a consignas vacías o a retóricas de fachada.

El bien común no es la suma de los bienes individuales. Es algo más elevado: es aquello que permite que cada uno de nosotros se realice junto con los demás. Es la escuela pública que forma ciudadanos, la sanidad accesible a todos, el medio ambiente que protege la vida, la justicia social que garantiza dignidad y derechos. Es el conjunto de condiciones que hacen posible una vida buena no para unos pocos, sino para todos.

El papa Francisco, en las encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti, reiteró con fuerza este concepto, señalando que “el bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos fundamentales e inalienables ordenados a su desarrollo integral”. Y añadió: “Una sociedad progresa cuando cuida la fragilidad de sus miembros”.

Las amenazas al bien común

Hoy el bien común está amenazado desde muchas direcciones. Las lógicas de mercado, cuando no están reguladas, tienden a privatizar lo que debería permanecer en manos de todos. La política, a menudo centrada en el corto plazo y en el consenso inmediato, olvida la planificación colectiva. La desconfianza hacia las instituciones, la erosión del sentido cívico y la indiferencia ante la pobreza y la exclusión son señales de un bien común en crisis.

El medio ambiente es el ejemplo más evidente: la destrucción de los territorios, la contaminación y el cambio climático no afectan sólo a individuos aislados, sino que ponen en peligro las condiciones mismas de la vida en común. Y donde el bien común desaparece, crecen la injusticia, la soledad y el resentimiento social.

Salirse … juntos

Defender el bien común no es solo tarea de las instituciones. Es una responsabilidad colectiva que comienza con los comportamientos cotidianos: pagar impuestos, respetar las normas, participar en la vida pública, promover la inclusión y el diálogo. La verdadera ciudadanía nace de la capacidad de sentirse parte de algo más grande.

Ya lo intuía también el padre Lorenzo Milani: “Los problemas de los demás son iguales a los míos. Salir de ellos solo es avaricia. Salir de ellos todos juntos es política”. Una política, añadimos, entendida en su sentido más noble: como construcción del bien de todos.

Colocar el bien común en el centro significa reaprender a pensar en términos de “nosotros” en lugar de “yo”. Significa reconocer que somos interdependientes, que el destino de cada persona está ligado al de las demás. Es el desafío de nuestro tiempo: salvar lo humano en un mundo que corre el riesgo de olvidarlo.

Porque el bien común no es una utopía: es el único camino para construir una sociedad justa, inclusiva y con futuro.

Pietro Giordano
http://www.vinonuovo.it 16.06.2025
Ver, Il bene comune: un’idea antica per una società futura
Traducido por: Jpic-jp.org