Viernes, 27 de marzo 2026
En Roma, un seminario animado por la red ecuménica latinoamericana Iglesias y Minería reunió, el 20 de marzo de 2026, a alrededor de 40 organizaciones y representantes de la Iglesia Católica y de otras confesiones cristianas en una coordinación internacional para hacer frente al sistema financiero que sostiene y alimenta a las grandes corporaciones globales de la industria extractiva. Se lanzó una plataforma en apoyo de la desinversión en la extracción minera.
Cómo afrontar los impactos de la extracción minera
La estrategia del desinversión y el lanzamiento
de una nueva plataforma eclesial
“Ustedes que no viven en nuestras tierras están lejos del espíritu que las habita; no comprenden que nuestras montañas nos ofrecen una farmacia natural que nos sana y un territorio que mantiene vivos nuestros sueños. Y nosotros no entendemos y queremos saber quiénes están financiando a las empresas mineras que nos están destruyendo y envenenando poco a poco”.
La voz de Yolanda Flores, mujer indígena del pueblo aymara que vive en Perú, cerca de la frontera con Bolivia, denuncia el modelo extractivista desde la Sala Stampa en el Vaticano en el marco del Lanzamiento de la Plataforma por la Desinversión en Minería, el pasado 20 de marzo. Ella llegó desde los glaciares y lagunas andinas, territorios de dónde se planifica extraer minerales críticos, tan ansiados para el mundo actual.
Yolanda llama al Norte Global a tomar parte, frente a lo que acontece con la vida de su comunidad y tantas otras que han sido y son sacrificadas por el modelo de consumo y desarrollo del que ellos no son parte, sino solo saldos.
El lanzamiento de la Plataforma por la Desinversión en Minería, se ha desarrollado dentro de las actividades del Primer Encuentro Internacional de esta iniciativa en que participaron cerca de 40 organizaciones de fe, buscando caminos conjuntos para contribuir desde las iglesias a enfrentar la crisis climática, como uno de los grandes desafíos de la humanidad y de la creación en su conjunto.
Esta propuesta es animada por la red ecuménica latinoamericana Iglesias y Minería, y convoca a representantes de la Iglesia católica y de otras confesiones cristianas a agruparse discutir, formarse y llegar a acuerdos en el marco de las prácticas financieras y su responsabilidad con la defensa de la vida en el planeta y las personas más vulnerables en este contexto.
El encuentro contó con varias y diversas voces, del sur global cómo América Latina y de la República Democrática del Congo y Zambia.
Ha sido fundamental la participación de congregaciones religiosas en este proceso, que a la luz de su experiencia de coherencia ética financiera pueden inspirar y acompañar otras iniciativas similares, como es el caso de los Verbitas, Combonianos, Claretianos , Jesuitas , Maryknoll, Franciscanos, entre otros, y la participación misma de la Comisión Justicia y Paz de la Unión Internacional de Superioras Generales – UISG y USG. En el encuentro también participaron autoridades eclesiales como el cardenal guatemalteco Álvaro Ramazzini, del obispo brasileño Vicente Ferreira y de observadores del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y de la Pontificia Comisión para América Latina.
“Muchas regiones, a menudo habitadas por pueblos indígenas y poblaciones marginadas, sufren los impactos de las industrias extractivas como la minería, la deforestación y la explotación petrolera. Estas áreas pueden describirse como ‘territorios martirizados’, donde tanto los ecosistemas como las comunidades son sacrificados en nombre del beneficio”, afirmó la Hna. Maamalifar Poreku, coordinadora del sector de justicia y paz de la UISG – USG.
Cada vez es más evidente el vínculo entre la violencia del sistema extractivo y el mundo financiero que sostiene y alimenta a las grandes corporaciones globales. Estas tienen una estructura de propiedad dispersa, con inversores internacionales; por lo tanto, adoptan una estrategia empresarial financiarizada orientada a la maximización del valor para sus accionistas, con impactos negativos sobre el medio ambiente y los derechos de los trabajadores, y con códigos de conducta a menudo diferenciados según el país en el que operan.
Las organizaciones de fe han comprendido desde hace tiempo que acompañar a las comunidades afectadas y los impactos directos de la extracción minera, implica también trabajar, incidir y acompañar procesos que logren transformar estas realidades de injusticia, como el complejo mundo financiero, que determina muchos de estos comportamientos que tienen directa relación con la dignidad y los derechos humanos y el ambiente. Por ello, el involucramiento en las prácticas financieras, desde una perspectiva ética con herramientas como la desinversión o la no inversión, representan estrategias para exigir a las multinacionales.
El compromiso de las Iglesias
Esta no es la única iniciativa, desde hace varios años las Iglesias han adoptado en varios casos esta estrategia,, por ejemplo, la campaña de desinversión en combustibles fósiles, con el protagonismo del Movimiento Laudato Si’ y del Consejo Mundial de Iglesias; los jesuitas han lanzado a nivel internacional la campaña de desinversión en minerales de conflicto, denunciando las cadenas extractivas que alimentan violaciones de derechos humanos, conflictos armados y devastación ambiental. Recordamos también las campañas de desinversión contra el apartheid, promovidas especialmente por las Iglesias metodista y presbiteriana.
La Iglesia católica publicó en 2022 el documento Mensuram Bonam, elaborado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, que propone criterios para orientar las inversiones financieras de las instituciones católicas según la doctrina social de la Iglesia. El documento promueve una estrategia basada en tres ejes: exclusión de sectores incompatibles con la ética cristiana, selección positiva de actividades que favorezcan el desarrollo humano integral e implicación activa con las empresas a través del diálogo y el voto accionarial. Asimismo, subraya la importancia de la transparencia, la rendición de cuentas y la coherencia entre fe y gestión económica. Por primera vez en un documento eclesial sobre finanzas éticas, se incluye una llamada explícita a vigilar críticamente las inversiones en el sector minero.
También el Sínodo para la Amazonía se ha pronunciado sobre estos temas, y Papa Francisco le ha dado eco en la exhortación postsinodal Querida Amazonia: “Han llegado al Sínodo propuestas que invitan a ‘prestar una especial atención a la procedencia de las donaciones u otros tipos de beneficios, así como a las inversiones realizadas por las instituciones eclesiásticas o por los cristianos’” (QA 25).
En este espíritu, la Conferencia Episcopal Austríaca publicó en 2024 una nueva directriz sobre inversiones éticas, titulada “Las inversiones éticas como cooperación”, y decidió prohibir las inversiones en empresas de extracción o comercio del oro, consciente de los impactos de este sector sobre los derechos humanos y el equilibrio de la Creación.
El año 2025 se hicieron públicas, luego de una trabajo organizado desde diferentes sectores de la Iglesia y sus jerarquías el documento “Orientaciones Pastorales ante los impactos de la minería” que constituye una hoja de ruta para las iglesias, no sólo católicas, de cómo acompañar y desarrollar estrategias pastorales acordes a las situaciones que se viven en muchos territorios, por la presencia del extractivismo.
El Papa León XIV tiene en el centro de su pontificado el llamado a la paz, “una paz desarmada y desarmante” y se ha pronunciado públicamente llamando a la Iglesia desde los diferentes niveles y espacios a construir la paz, en medio de un contexto como el actual, marcado por las guerras y las polarizaciones. Es preciso recordar que muchos de las decisiones geopolíticas están marcadas, y en el futuro se agudizarán, por la disputa de minerales necesarios para las armas. En un mundo donde los grandes poderes gubernamentales, priorizan el armamentismo, la desinversión en minería significa un decisión ética fundamental.
En sintonía con todos estos procesos, llegó a Roma el lanzamiento en marzo de 2026, siendo también presentada en el mes de enero en Bogotá de manera pública en la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño – CELAM.
El lanzamiento de la plataforma
El debate entre las organizaciones presentes comenzó con una reflexión amplia sobre el momento decisivo que atraviesan la humanidad y el planeta, marcado por dos gritos inseparables: el de la Tierra y el de las comunidades y personas empobrecidas.
“Las falsas soluciones del llamado ‘capitalismo verde’ y los acelerados escenarios de guerra generan aún mayores preocupaciones para nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, cuyos territorios están en la mira del neocolonialismo militar, ávido de las ‘tierras raras’ como recurso para mantener el statu quo de los más poderosos” – resumió en su análisis Mons. Vicente Ferreira, miembro del Consejo Consultivo de los obispos de la red Iglesias y Minería.
La Plataforma está orientada por el asesoramiento técnico de diversos institutos de investigación y organizaciones comprometidas con las finanzas éticas. Durante el seminario de Roma intervinieron Facing Finance y Steyler Ethik Bank. La primera, una ONG alemana que promueve la transparencia y la responsabilidad ética en los mercados financieros, ofreció caminos de profundización sobre la cadena de extracción y comercio de materias primas y sus vínculos con los fondos de inversión; junto con Facing Finance, la red Iglesias y Minería ha publicado dos ediciones de Dirty Profits, informes sobre las violaciones de derechos provocadas por empresas extractivas. La segunda, un banco ético vinculado a la familia religiosa de los misioneros/as verbitas, compartió sus estrategias de análisis de los distintos fondos financieros para identificar aquellos coherentes con criterios éticos cristianos.
La adhesión a la Plataforma puede darse en distintos niveles: una primera puerta de entrada es para organizaciones cristianas que deseen conocer mejor el vínculo entre los impactos de la industria minera y las inversiones financieras. Un segundo nivel implica el estudio y eventual revisión de los códigos éticos de inversión que orientan a una congregación o institución: la Plataforma puede ofrecer asesoramiento y orientación en este ámbito. Finalmente, puede darse el paso de la desinversión en actividades que sostienen abusos del sistema extractivo y la reorientación del capital hacia sectores éticamente sólidos y confiables.
El Lanzamiento de la Plataforma de Desinversión en Minería acogido en la Sala de Prensa del Vaticano de manera oficial y el Primer Encuentro Internacional que se celebró en este contexto, un marcan un hito para que las organizaciones inspiradas en el evangelio afiancen su papel como promotoras de nuevos diálogos dentro de la misma iglesia y hacia afuera, logrando consolidar transformaciones concretas. La Plataforma para la Desinversión en Minería, abre sus puertas para la adhesión de organizaciones que quieran trabajar colectivamente en estos debates y acciones y por otro lado, seguir profundizando estos debates. La Plataforma invita a espacios de trabajo colectivo y formación que se tendrán en torno a los temas de: profundización teológico – pastoral de Ecología Integral, justicia climática y desinversión, así como espacios más técnicos de la manos de experiencias como Steyler Ethik Bank en mayo y el espacio aperturado de asesorías y construcción de códigos éticos. El próximo abril se participará de otro hito dentro del proceso con la conferencia europea de inversores eclesiales (a finales de abril, en Innsbruck).
“Se trata de un acto de coherencia con nuestra fe, con la defensa de la dignidad humana y con el compromiso de cuidar nuestra Casa común. Es importante escuchar las voces de las comunidades que viven en primera persona los desafíos y conflictos causados por la extracción minera, tanto legal como ilegal. No podemos permanecer en silencio ante evidentes injusticias” – concluyó el cardenal Fabio Baggio, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en la rueda de prensa que presentó la Plataforma de desinversión en la extracción minera.