Jueves, 4 de junio de 2026
Queridos hermanos: La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos invita a volver a la fuente de nuestra vocación y de nuestra misión. Al contemplar el Corazón traspasado del Buen Pastor, reconocemos el amor sin medida de Dios por la humanidad: un amor que se hace cercanía, compasión, misericordia y entrega total de sí mismo.

El Corazón de Jesús no es solamente un símbolo de nuestra fe; es el lugar donde aprendemos a conocer la manera de amar de Dios y el criterio con el que discernimos nuestra vida misionera. En él descubrimos un amor que no excluye a nadie, que se deja herir por el sufrimiento del mundo y que continúa buscando a quienes están perdidos, olvidados o descartados.

San Daniel Comboni encontró en el Corazón de Cristo el secreto de su pasión misionera. De aquella contemplación nació su amor por los pueblos más abandonados y su capacidad de compartir su historia hasta sentirlos verdaderamente como hermanos. También para nosotros, “hijos” de tan gran Apóstol de África, la misión encuentra su origen y su renovación en dejarnos modelar por el Corazón de Jesús, para que nuestra mirada, nuestras decisiones y nuestras relaciones reflejen cada vez más sus mismos sentimientos.

El Papa Francisco nos recordó que «el Corazón de Cristo, que simboliza su centro personal del que brota su amor por nosotros, es el núcleo vivo del primer anuncio» (Dilexit Nos, 32). Solo permaneciendo unidos a este centro podremos evitar que la misión se reduzca a eficiencia, organización o simple actividad. Antes que trabajadores, somos discípulos; antes de hablar de Cristo, estamos llamados a dejarnos transformar por su amor.

Vivimos en un mundo marcado por profundas heridas. Guerras, violencias, desigualdades, migraciones forzadas, pobrezas antiguas y nuevas siguen afectando a millones de personas. Muchos hombres y mujeres buscan esperanza, escucha y dignidad; muchos jóvenes buscan un futuro; numerosas comunidades viven situaciones de fragilidad e incertidumbre. Frente a estas realidades, la tentación de la indiferencia o de la resignación está siempre al acecho.

El Corazón de Cristo, en cambio, nos llama a una cercanía valiente. Nos invita a no pasar de largo, a no encerrarnos en nuestras seguridades, sino a compartir la vida de los pueblos a los que somos enviados. La misión nace precisamente de este movimiento del corazón: salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro, reconociéndolo como hermano o hermana amada por Dios. Dando prioridad a los últimos, a los más marginados y a los más pobres, hasta desear, como decía Daniel Comboni, «estrechar entre los brazos y dar el beso de paz y de amor a aquellos infelices hermanos nuestros» (Escritos, 2742). Sí, como combonianos, estamos llamados a ser signo de este amor que acoge y reconcilia, que crea fraternidad y genera esperanza en las periferias del mundo.

Nuestra presencia en las diversas Iglesias y entre los distintos pueblos del mundo adquiere credibilidad cuando se convierte en testimonio de comunión, especialmente en nuestras comunidades internacionales e interculturales. La diversidad de nuestros orígenes no es un obstáculo para la misión, sino uno de sus signos más elocuentes: el Evangelio es capaz de unir aquello que el mundo tantas veces divide.

En esta fiesta, pidamos, pues, la gracia de un “corazón misionero”, capaz de compasión, escucha y cercanía; un corazón libre de toda forma de cerrazón y dispuesto a dejarse interpelar por los sufrimientos de los más pobres y abandonados; un corazón que sepa reconocer la presencia de Dios en las periferias humanas y existenciales de nuestro tiempo.

Confiamos al Sagrado Corazón de Jesús nuestro Instituto, las comunidades en las que vivimos, los pueblos a los que servimos y a todos aquellos que llevamos en la oración y en el trabajo cotidiano. Que este Corazón renueve en nosotros la alegría del Evangelio, reavive el fuego de la misión y nos haga testigos creíbles de su amor en el mundo.

Con afecto fraterno, les deseamos una santa y gozosa Fiesta.

El Consejo General
Roma, 12 de junio de 2026 – Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús