Martes, 28 de julio de 2026
La muerte violenta del padre Ezequiel Ramin en Cacoal, en la Amazonía brasileña, el 24 de julio de 1985, está en el origen de la vocación misionera de la comboniana Sandra Amado. A continuación, compartimos su testimonio.
En aquella época, recuerdo que la noticia del asesinato de un joven sacerdote italiano en nuestra diócesis me impactó profundamente. No lo conocí personalmente. Sin embargo, me angustiaba la constatación de la violencia humana, y especialmente contra personas que sirven al Reino de Dios en la Iglesia y en el mundo.
Una semilla vocacional estaba germinando en mi joven corazón y yo no lo sabía.
Entre el trabajo y el estudio (en horario nocturno), me gustaba dedicar mis fines de semana a colaborar con la pastoral catequética de la parroquia de Rolim de Moura.
¡Pero la fuerza de la juventud podía hacer más! En ocasiones, durante las celebraciones eucarísticas de la comunidad, surgía una invitación a un encuentro vocacional. A partir de aquella fatídica noticia, empecé a escuchar el eco de esa invitación.
Voy a contar la experiencia que marcó mi corazón. En el primer aniversario de la muerte del padre Ezequiel Ramin, asesinado en Cacoal, en Rondonia, el grupo de jóvenes de mi parroquia organizó una vigilia de oración.
Aquella noche, la iglesia estaba repleta y en silencio, a oscuras, con las luces apagadas. De repente, la imagen proyectada del cuerpo del joven, con los brazos abiertos, caído en el camino de tierra, acribillado a balazos y ensangrentado, entró como una flecha en mi corazón.
¡Tenía que hacer algo!
A partir de aquella vigilia, acepté la primera invitación vocacional que se hizo en la iglesia; todo comenzó o continuó su rumbo. Había otras opciones, pero el desafío comboniano de dar la vida por la misión más allá de las fronteras, a ejemplo de Ezequiel Ramin, resultó más fuerte y atractivo.
Dejé todo para seguir a Jesucristo en la Iglesia y en la familia de las hermanas misioneras combonianas. Ya han pasado 38 años entre Eritrea, Estados Unidos, Sudán del Sur y Brasil.
El testimonio del martirio del padre Ezequiel Ramin fue semilla que murió y dio vida. Vivió y vive en el servicio misionero que la Iglesia ofrece al mundo, realizando el mandato misionero del propio Jesús: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16,15).
Hna. Sandra Amado, comboniana