Sábado, 5 de septiembre de 2026
La conocimos hace algunos años, cuando visitábamos su aldea para responder a la petición de la comunidad en Cisjordania de iniciar un jardín de infancia y ofrecer clases de inglés. En aquel momento, esta joven beduina acababa de comenzar la universidad y sus resultados no eran buenos. Hablamos con ella para animarla, ayudarla a confiar en sí misma y motivarla a seguir adelante.
Curiosamente, su interés por el inglés nació precisamente porque era la asignatura que más le costaba. Desde entonces, no faltó a una sola clase. Su entusiasmo, su curiosidad y sus ganas de aprender se hacían visibles en cada encuentro. Escuchaba con atención, hacía preguntas y aprovechaba cada oportunidad para aprender algo nuevo.
Su gran sueño era continuar sus estudios universitarios en Tecnologías de la Información. Pero las difíciles condiciones económicas de su familia podían impedirle hacerlo realidad.
Creció en una familia numerosa, con siete hermanas y un hermano. Su madre siempre creyó profundamente en la importancia de la educación de sus hijas y, a pesar de las dificultades, hizo todo lo posible para que pudieran continuar estudiando. Durante largas horas bordaba para ayudar a sostener a la familia y hacer posible que sus hijas siguieran estudiando. Hubo años en los que su padre no conseguía trabajo y gran parte de la responsabilidad de la familia recaía sobre ella.
Nuestra joven tampoco dejó de creer en su sueño. Sabía que la educación podía abrirle nuevos caminos y ofrecerle un futuro mejor, para ella, para su familia y para su comunidad.
Gracias a la generosidad de quienes nos apoyan, pudimos acompañarla durante varios años con una beca de estudios.
El fruto de la perseverancia
Hoy, con gran alegría y emoción, contemplamos los frutos de aquel camino compartido.
Se ha graduado en Tecnologías de la Información en la Universidad Al-Quds, destacándose entre las estudiantes más brillantes de su promoción. El día de su graduación tuvo además el honor de pronunciar el discurso en nombre de toda su clase.
Comenzó dando gracias a Dios: «Alabado sea Dios, porque por su gracia se realizan las cosas bellas. Él ha transformado la paciencia en alegría y el esfuerzo en éxito».
Sus palabras, llenas de gratitud, expresan mucho más que la alegría de haber alcanzado una meta. Hablan de un camino de esfuerzo, perseverancia y esperanza.
Cada día recorría el trayecto desde su aldea hasta la universidad, tomando más de un autobús y afrontando largas distancias, tráfico y muchas dificultades para llegar a sus clases. Mientras tanto, su madre continuaba bordando incansablemente para sostener a la familia y hacer posible que sus hijas siguieran estudiando.
Hoy, en ese diploma, vemos el fruto de tantos sacrificios, de mucha perseverancia y de una esperanza que nunca se rindió.
Una oportunidad que se multiplica
Pero la historia no termina con una graduación.
Cuando recibió nuestro apoyo, ella prometió que un día compartiría con otras lo que había recibido. Hoy está cumpliendo esa promesa.
En septiembre comenzará un curso de Informática y Emprendimiento dirigido a mujeres beduinas de diferentes aldeas, poniendo sus conocimientos al servicio de otras mujeres y ayudándolas a descubrir nuevas posibilidades para su futuro.
La joven que un día recibió una oportunidad está hoy preparada para ofrecerla a otras.
Así es como la solidaridad da fruto: una oportunidad se convierte en un logro, el logro se transforma en gratitud y la gratitud se convierte en nuevas oportunidades. Una semilla ha dado fruto y hoy ese fruto vuelve a convertirse en semilla, para seguir sembrando esperanza en la vida de otras mujeres.
Hna. Cecilia Sierra
Comboniana en Cisjordania