Viernes, 18 de septiembre de 2026
En 2003, los Misioneros Combonianos abrieron una nueva misión entre el pueblo Gumuz, en Gilgel Beles, al noroeste de Etiopía. Junto con la evangelización y la educación, la promoción de la autosuficiencia alimentaria mediante la agricultura se convirtió en una parte importante de su servicio misionero.
Durante el conflicto local que tuvo lugar entre 2020 y 2021, la comunidad de Gilgel Beles ofreció refugio a muchas personas, entre ellas varios muchachos. Cuando el conflicto terminó, en 2022, algunos de estos jóvenes no pudieron regresar a sus aldeas, no porque hubieran elegido quedarse, sino porque sus familias habían sido diezmadas.
Al perder sus hogares y el apoyo de sus familias, estos jóvenes se encontraron ante un futuro incierto. Su esperanza residía en comenzar una nueva vida en la ciudad, con el apoyo de la Iglesia.
Inicialmente, la comunidad comboniana alquiló una casa en la ciudad para alojarlos y apoyó sus esfuerzos por continuar sus estudios. Así comenzó el internado masculino de la misión.
Ofrecer un hogar y una educación
A medida que aumentaba el número de muchachos que buscaban ayuda, la comunidad reconoció la necesidad de encontrar una solución permanente. Se preparó un proyecto y se presentó a los benefactores, cuyo generoso apoyo hizo posible la construcción de un internado dentro del recinto de la misión.
El nuevo edificio puede alojar hasta veinte muchachos.
Sin embargo, la necesidad de alojamiento siguió aumentando. En respuesta, la comunidad construyó una casa adicional de adobe fuera del recinto de la misión, para ofrecer refugio a más jóvenes.
Estos esfuerzos han permitido que muchachos vulnerables encuentren un lugar donde vivir, una oportunidad para estudiar y una renovada esperanza de futuro.
La agricultura para el autosostenimiento
A medida que aumentaba el número de muchachos, surgió una pregunta importante: ¿Cómo podía la misión cubrir sus necesidades diarias de manera sostenible?
La comunidad decidió desarrollar un proyecto agrícola que involucrara a los muchachos en la contribución a su propio sustento, aprovechando al mismo tiempo las tierras fértiles de la región de Benishangul-Gumuz.
Además de proporcionar alimentos, el proyecto pretendía sensibilizar a la población sobre su recurso más valioso: la tierra.
La iniciativa también buscaba involucrar a los feligreses de las distintas comunidades y estaciones misioneras, fomentando la cooperación y promoviendo una comunidad parroquial cada vez más autosuficiente.
Al principio, personas de distintas aldeas participaron en las diferentes etapas del trabajo agrícola, como arar, sembrar, desherbar y cosechar. Su colaboración alimentó la esperanza de desarrollar un proyecto capaz de beneficiar tanto al internado como a la comunidad en general.
Desafíos y nuevas realidades
Con el tiempo, sin embargo, mantener aquel entusiasmo inicial se volvió cada vez más difícil.
Hoy, la misión afronta crecientes dificultades para movilizar trabajadores de las aldeas cercanas. Muchos jóvenes se han marchado para dedicarse a la extracción de oro, mientras que otros han sido desplazados por los continuos enfrentamientos armados locales.
Como resultado, la mano de obra disponible ha disminuido considerablemente. Los muchachos del internado se han convertido en la principal fuerza de trabajo, contribuyendo a la producción de alimentos para sus propias necesidades y las de la parroquia.
Otro gran desafío es la falta de maquinaria agrícola. La mayor parte del trabajo sigue realizándose con herramientas tradicionales sencillas, como azadas, machetes, palas y hachas. Preparar y cultivar la tierra de esta manera requiere mucho tiempo y un considerable esfuerzo físico.
Disponer de un tractor supondría una gran diferencia, ya que ayudaría a aliviar la carga de trabajo y a mejorar la eficiencia del proyecto agrícola.
Acompañar a los jóvenes a través de la educación y el trabajo
El proyecto también tiene una importante dimensión educativa y social.
Tradicionalmente, la agricultura no ha sido el principal medio de subsistencia del pueblo Gumuz, muchos de cuyos miembros dependían históricamente de la caza, la recolección y la pesca. En las últimas décadas, la ganadería y la agricultura se han convertido cada vez más en parte de sus actividades cotidianas.
Para la misión, animar a los jóvenes a participar en el trabajo agrícola y a asumir la responsabilidad de su propia educación es un proceso continuo. Requiere paciencia, acompañamiento y oportunidades que les permitan reconocer el valor de trabajar juntos.
La esperanza es que, mediante la educación y la experiencia práctica, estos muchachos se conviertan en adultos responsables, capaces de sostener a sus familias y contribuir al desarrollo de sus comunidades.
De este modo, la misión busca ayudar a construir un futuro en el que la Iglesia y la sociedad crezcan juntas mediante la responsabilidad compartida y la colaboración.
Una llamada a la solidaridad
El proyecto agrícola se ha convertido en uno de los pilares de la misión de Gilgel Beles. Contribuye a cubrir las necesidades cotidianas del internado y, al mismo tiempo, promueve un espíritu de autosostenimiento y cooperación.
Estamos profundamente agradecidos a todos nuestros benefactores, cuya generosidad hizo posible la construcción del internado. Su apoyo ha proporcionado refugio y renovada esperanza a jóvenes cuyas vidas han estado marcadas por la pérdida y el desplazamiento.
Hoy seguimos haciendo un llamamiento a las personas de buena voluntad para que nos ayuden, especialmente a conseguir un tractor que permita realizar el trabajo agrícola de forma más sencilla y productiva.
Su apoyo puede ayudar a estos jóvenes a continuar sus estudios, contribuir a su propio sustento y prepararse para un futuro en el que puedan servir a sus familias y comunidades.
Esperamos que la propia población vaya acogiendo cada vez más a la Iglesia y a la comunidad en general como algo suyo, contribuyendo a construir una sociedad en la que trabajar codo con codo se convierta en un valor compartido.
Continuar el sueño de San Daniel Comboni
La llegada a esta nueva zona de evangelización ha llevado a los Misioneros Combonianos de nuevo al corazón de su carisma: la primera evangelización, inspirada por su Fundador, San Daniel Comboni.
Cuando los primeros misioneros combonianos establecieron su comunidad en el Estado Regional de Benishangul-Gumuz, gran parte de la región aún no había sido alcanzada por el Evangelio.
Hoy, su misión continúa a través de la evangelización, la educación y las iniciativas prácticas que responden a las necesidades de la población local.
Al apoyar a estos jóvenes y ayudarles a recibir una educación, la misión espera formar a futuros líderes que contribuyan al crecimiento y al bienestar de sus propias comunidades.
Esta es una forma concreta de hacer realidad el sueño de San Daniel Comboni: «¡Salvar África con África!»
Padre André Mbala, mccj