Martes, 22 de septiembre de 2026
Accra, la capital de Ghana, acogió las primeras Jornadas de la Juventud de África Occidental del 7 al 11 de septiembre de 2026. El diácono comboniano Sylvestre Kossigan Davon, que participó en este alegre encuentro, comparte lo que significó para él esta experiencia.
Los días que pasé en Accra con motivo del Encuentro de la Juventud de África Occidental 2026 permanecerán conmigo durante mucho tiempo. Participé con una alegría especial: la de estar entre jóvenes de mi misma edad y, al mismo tiempo, la de estar allí como misionero, pastor y capellán, caminando junto a los jóvenes de una de las parroquias confiadas a mi comunidad. Me sentí cercano a ellos, como uno más, y al mismo tiempo llamado a acompañarlos y servirlos.
Un océano de jóvenes
Era la primera vez en mi vida que veía a más de 3.000 jóvenes reunidos, acompañados por numerosos sacerdotes, religiosas, religiosos y obispos procedentes de más de 14 países de África Occidental.
Al principio, ante aquella multitud inmensa, me quedé sencillamente maravillado. ¡Tantas lenguas, rostros y culturas y, sin embargo, una sola fe! Al contemplar a todos aquellos jóvenes reunidos, me pregunté: ¿Qué podríamos lograr si esta energía, esta alegría y esta fraternidad siguieran vivas más allá de estos pocos días?
Hay un momento sencillo que permanece en mi memoria: las conversaciones en pequeños grupos. Sentados con jóvenes de diferentes procedencias, comenzamos a conocernos, a veces con algunas dificultades debido al idioma. Sin embargo, muy pronto las barreras desaparecieron. Las risas, las presentaciones y los pequeños intercambios crearon una cercanía inesperada.
Este recuerdo me conmovió profundamente. Me recordó que la fraternidad comienza a menudo con algo muy sencillo: dedicar tiempo a encontrarse con el otro.
Del 7 al 11 de septiembre, la alegría estuvo presente durante todo el encuentro, a pesar de las dificultades de alojamiento de los primeros días. Las sesiones de catequesis, organizadas en pequeños grupos según el idioma, me enriquecieron enormemente.
Los diálogos sobre la paz y la esperanza en África Occidental, la justicia climática y los desafíos de la inteligencia artificial me ofrecieron una nueva manera de mirar las preocupaciones y expectativas de esta generación.
También tuve el privilegio de servir como diácono en las liturgias de apertura y clausura. Esto renovó mi alegría y mi gratitud hacia el Autor de mi vocación, que me llama a servir en su altar y entre los jóvenes.
¡Tengan ánimo!
Las Jornadas de la Juventud de África Occidental se celebraron bajo el lema: «¡Ánimo! Los jóvenes católicos como actores y agentes de paz y esperanza en África Occidental». En una de las celebraciones eucarísticas leímos: «En el mundo tendréis tribulaciones. Pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo» (Juan 16,33).
Estas palabras permanecen profundamente grabadas en mi mente mientras dejo Accra. Yo también necesito este ánimo para afrontar los desafíos de mi joven vida misionera y religiosa, especialmente en mi compromiso con los jóvenes. El ánimo del que habla Jesús no consiste en la ausencia de dificultades, sino en la confianza en Aquel que ya ha vencido al mundo.
No me marcho llevando únicamente el recuerdo de un gran encuentro. Me voy con rostros, encuentros, palabras, risas y una esperanza renovada.
Mi deseo es que los frutos de estos días se multipliquen y que las relaciones que han nacido se fortalezcan cada vez más. Que las amistades tejidas entre estos jóvenes vayan más allá de este encuentro y se conviertan en caminos de fraternidad, colaboración y testimonio para los jóvenes de nuestra África Occidental.
Diácono Sylvestre Kossigan Davon, mccj