Lunes 5 de octubre de 2026
En el Evangelio de la liturgia del sábado de la XXVI semana del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos propone los versículos 10 a 24 del capítulo décimo de Lucas. Es un pasaje que nos conduce al corazón de la misión y a la alegría que nace del anuncio del Evangelio. El padre Fernando González Galarza desarrolló esta reflexión durante su homilía.
El Evangelio nos confirma una experiencia que hemos vivido quienes hemos partido a la misión y hemos evangelizado en nombre de Jesús: el fruto de la misión es la alegría.
Hemos sido testigos de la eficacia de la Palabra de Dios, que transforma, convierte, sana e ilumina a las personas para que vivan una vida plena con Jesús. Los misioneros deseamos siempre intensamente volver a la misión para anunciar la alegría del Evangelio, para proclamar la alegría del encuentro con Jesús.
Pero el Evangelio nos dice que los discípulos experimentaron la alegría plena cuando regresaron a Jesús. Volver a Jesús es fundamental para todo bautizado, para todo misionero: este es el secreto de la alegría del Evangelio y de la alegría de evangelizar. La fuente de esta alegría es Jesús y su mensaje de vida.
Cuando olvidamos que la misión pertenece a Jesús y nos convertimos en los protagonistas de la misión, somos incapaces de experimentar la alegría del Evangelio y nos volvemos amargados, agresivos e incluso egoístas; y, en lugar de acercar a las personas a Jesús, las alejamos de Él.
Es fundamental volver a Jesús, rendirle cuentas de la misión que nos ha confiado y reconocer que la misión le pertenece a Él. Es Él quien actúa en el corazón de las personas, quien las transforma, las sana y las colma de alegría.
Concluyamos esta semana llenos de alegría, reconociendo que no realizamos nuestra misión ni nuestro propio proyecto, sino que participamos y colaboramos en el gran proyecto de Dios para la humanidad, y que el protagonista de la misión y la fuente de nuestra alegría es Jesús.
Recordemos siempre el número uno de Evangelii gaudium, la primera exhortación apostólica del papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».
P. Fernando González Galarza, mccj