Lunes, 12 de octubre de 2026
Desde hace 100 años, la Iglesia celebra la fiesta de la misión universal el penúltimo domingo de octubre, una iniciativa del papa Pío XI desde 1926.
El papa León, que sueña con una «una época misionera nueva» y quiere reavivar y «enovar en nosotros el fuego de la vocación misionera», ha preparado un mensaje para ayudarnos a vivir la Jornada Mundial de las Misiones, que este año se celebra el 18 de octubre. Ha elegido el tema Uno en Cristo, unidos en la misión. Más que un eslogan, es una síntesis de la teología de la misión.
En efecto, la misión se realiza en torno a Jesús y como comunidad de los bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad, de la que somos una presencia misteriosa y amorosa en el mundo. De ahí que la misión sea siempre, en su esencia, cristológica y ecuménica.
Uno en Cristo
El Papa americano recuerda que «en el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo». En efecto, Jesús compartió con los discípulos misioneros su misión durante la última cena. En la oración sacerdotal, Jesús recuerda al Padre: «Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo» (Juan 17,18).
La misión no es una actividad exclusiva de los institutos misioneros ni el proyecto de misioneros individuales, cazadores furtivos de almas para el Reino. La misión es de Dios – que revela su amor trinitario a través de la vida, el mensaje y la Pascua de Jesús – y cada bautizado participa en este servicio al mundo.
Los padres conciliares escribieron en el Decreto Ad gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia que «la Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre» (AG 2).
«Pero este designio dimana del “amor fontal” o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, engendra al Hijo, y a través del Hijo procede el Espíritu Santo, por su excesiva y misericordiosa benignidad, creándonos libremente y llamándonos además sin interés alguno a participar con El en la vida y en la gloria, difundió con liberalidad la bondad divina y no cesa de difundirla, de forma que el que es Creador del universo, se haga por fin “todo en todas las cosas”, procurando a un tiempo su gloria y nuestra felicidad.», continúa el documento.
León recuerda, en la misma línea, que la misión de la Iglesia tiene como objetivo «hacer visible el amor de Cristo», al mismo tiempo que invita «al encuentro con Él». La Buena Nueva que la misión ofrece al mundo es, en palabras del Papa, «el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo». O, dicho de otro modo, la gran misión evangelizadora «es siempre obra del amor».
Daniel Comboni también subrayó la centralidad cristológica y amorosa de la misión. En las Reglas de 1871 escribió: «[los alumnos] fomentarán en sí esta disposición esencialísima teniendo siempre los ojos fijos en Jesucristo, amándolo tiernamente y procurando entender cada vez mejor qué significa un Dios muerto en la cruz por la salvación de las almas.» (E 2721).
Unidos en la misión
El segundo elemento del mensaje del Papa – la unión en la misión – nos devuelve nuevamente a la oración sacerdotal de Jesús: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado» (Juan 17,23). Una Iglesia dividida es un contratestimonio del Evangelio de Jesús.
De ahí que el diálogo (ecuménico – con todos los bautizados en el nombre del Señor – e interreligioso – con todas las personas de buena voluntad) sea hoy el camino de la Iglesia misionera.
Dialogar desde las tradiciones litúrgicas, teológicas y eclesiológicas no es fácil, dadas las divisiones claramente marcadas entre las Iglesias cristianas, que son históricas, culturales, cultuales y sociológicas. Incluso el hecho de que yo fuera soltero era motivo de confusión para algunos pastores protestantes en el sur de Etiopía en los años noventa del siglo pasado. Uno de ellos me acusó de no creer en la Biblia porque no cumplía el mandato de crecer y multiplicarse.
Por eso el Papa escribe que «la evangelización se realiza cuando las comunidades locales colaboran entre sí y cuando las diferencias culturales, espirituales y litúrgicas se expresan plena y armoniosamente en la misma fe».
Por ello, León va más allá, animando «a las instituciones y realidades eclesiales a fortalecer el sentido de comunión misionera eclesial y a desarrollar con creatividad formas concretas de colaboración entre ellas, para y en la misión». La Iglesia de Sudán del Sur, a la que serví durante siete años, era una Iglesia ecuménica. La guerra y la persecución unían a cristianos y musulmanes en la búsqueda de la paz.
Amor encarnado
El diálogo de vida, la participación en el compromiso por el bien común, la encarnación del Evangelio de la liberación hoy, especialmente entre los empobrecidos y descartados, es una misión que no necesita ni teología ni eclesiología ni tampoco liturgia, sino amor encarnado: el amor de la Santísima Trinidad por los últimos, encarnado en Jesús de Nazaret.
En el fondo, como afirman tanto el Concilio Vaticano II como León, los bautizados continúan la misión de Cristo, «una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor».
Daniel Comboni vivió la misión como una relación esponsal con los africanos. «El primer amor de mi juventud fue para la infeliz Nigricia» (E 3156), proclamó en su inspiradora homilía de Jartum, para después añadir: «Tened la seguridad de que mi alma os corresponde con un amor ilimitado para todos los tiempos y para todas las personas.» (E 3158).
Esta manifestación del amor de Dios se realiza de muchos modos y de maneras complementarias: ya sea partiendo, ya sea quedándose, ya sea compartiendo la vida, la oración y los bienes. «Al admirar a los misioneros y misioneras, hago un llamamiento especial a toda la Iglesia: unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones», exhorta el Papa.
P. José Vieira, mccj