Martes 27 de octubre de 2026
Desde hace más de tres años, Alia, joven madre de cuatro hijos, cultiva un sueño: abrir una pequeña escuela en su comunidad beduina en el desierto de Cisjordania, donde muchos niños no tienen la posibilidad de asistir a preescolar.
Ante las dificultades de acceso a la educación en Palestina, Alia decidió no esperar. Junto a su casa ha preparado una especie de aula de chapa, con algunas sillas, mesas y viejas alfombras, y cada día acoge de forma voluntaria a los niños menores de cinco años.
Con iniciativa y determinación, ha convertido una idea en una primera experiencia educativa para su comunidad.
Durante los campamentos de verano ya ha demostrado sus capacidades, atendiendo a casi cuarenta niños con creatividad y sentido de la responsabilidad, incluso durante una incursión de colonos en el pueblo. Ahora desea mejorar su preparación y nos pide que la apoyemos con formación, materiales didácticos y ayuda económica.
Con la llegada del invierno, es necesario hacer el espacio más cálido y acogedor.
Para los niños, esto significa poder escuchar cuentos, aprender nuevas palabras, dibujar, contar y descubrir el placer de aprender juntos, preparándose poco a poco para la escuela primaria.
Queremos apoyar y fortalecer la iniciativa de Alia, reconociendo su papel como promotora y acompañándola en el desarrollo de sus competencias.
Hemos llevado una pizarra, mientras que los libros, los colores y los juegos ya han llegado y fueron recibidos con alegría. Es ella, con su conocimiento de la comunidad y su dedicación, quien da vida cada día a este espacio.
En una realidad marcada por tantas dificultades, Alia ha elegido no rendirse. Ha abierto un espacio, ha llamado a los niños y ha empezado a crear, día tras día, nuevas oportunidades para ellos.
Es cierto que solo hay una habitación de chapa con unas cuantas alfombras viejas, una pizarra y unos colores. Pero allí, entre las voces de los niños y sus primeros aprendizajes, ya está sucediendo algo grande.
La esperanza tiene el rostro de Alia, pero crece en los ojos de cada niño que, gracias a ella, descubre que puede aprender, crecer y soñar.
Sr. Cecilia Sierra, comboniana