Miércoles, 4 de noviembre de 2026
Del 26 al 30 de octubre de 2026, en Bangui, el Consejo Episcopal para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Centroafricana (CECA) organizó una sesión de formación dirigida a 40 participantes: obispos, ecónomos diocesanos, responsables de seminarios y laicos comprometidos con la administración de los bienes de la Iglesia.

La iniciativa, destinada a fortalecer la transparencia y la responsabilidad en la gestión del patrimonio eclesiástico, fue coordinada por Mons. Victor Hugo Castillo Matarrita, misionero comboniano, obispo de la diócesis de Kaga-Bandoro y presidente del Consejo Episcopal para Asuntos Económicos.

Detrás de una iniciativa aparentemente técnica se esconde una preocupación profundamente pastoral: ¿cómo puede la Iglesia administrar sus recursos con diligencia, transparencia y responsabilidad, para que estén verdaderamente al servicio de su misión?

Administrar es una forma de servir

En una Iglesia que busca vivir cada vez más la sinodalidad, la administración no puede considerarse una cuestión secundaria, reservada exclusivamente a los expertos en economía y finanzas. Afecta directamente a la credibilidad del testimonio evangélico, a la confianza mutua y a la responsabilidad de quienes están llamados a custodiar y administrar los bienes destinados a sostener la misión de la Iglesia.

Con este espíritu, la CECA, en colaboración con la Nunciatura Apostólica en Bangui, reunió a los obispos de la Conferencia Episcopal, junto con sacerdotes, religiosas, laicos responsables de la administración, rectores y ecónomos de los seminarios y otros colaboradores comprometidos con la gestión de los bienes eclesiásticos.

La diversidad de los participantes confiere a este encuentro un significado particular: una buena administración de los bienes de la Iglesia requiere no solo competencia profesional, sino también participación, intercambio y corresponsabilidad.

Una herramienta contable al servicio de la misión

En el centro de la formación estuvo el aprendizaje del programa Banana Contabilidad Plus (Banana Accounting+), cuyo uso había sido fuertemente recomendado a la Conferencia Episcopal por el Dicasterio para la Evangelización.

Según lo explicado en el discurso de bienvenida, el programa, en sus versiones Professional y Advanced, permite organizar sistemáticamente la contabilidad, gestionar la partida doble, elaborar balances e informes financieros, controlar los bienes amortizables y preparar presupuestos y previsiones financieras. Su utilización también busca reducir el riesgo de errores formales y garantizar una gestión contable más ordenada y fiable.

La formación estuvo acompañada por el padre Marcelo Fonseca Oliveira, ecónomo provincial de los Misioneros Combonianos de la Provincia de la República Democrática del Congo, presentado como persona de referencia acreditada ante la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares del Dicasterio para la Evangelización.

La Conferencia Episcopal expresó su gratitud y satisfacción por haber podido poner a disposición de todas las diócesis, los seminarios, la Secretaría General y la Procuraduría Interdiocesana el programa Banana Plus en su versión Advanced.

Una cultura de transparencia y responsabilidad

Más allá del aprendizaje de un programa informático, el encuentro invita a considerar la gestión económica como parte integrante de la misión de la Iglesia. Los bienes eclesiásticos están destinados al servicio de la evangelización y su administración requiere no solo competencia profesional, sino también una sólida conciencia ética.

Una Iglesia sinodal es una Iglesia en la que cada persona, según su vocación y sus responsabilidades, participa en la misión común. Esta corresponsabilidad también se manifiesta en la manera en que se planifican, administran y rinden cuentas de los recursos.

En un contexto marcado por numerosas necesidades pastorales y sociales, cada recurso confiado a la Iglesia merece ser custodiado y utilizado con atención. La transparencia se convierte así en mucho más que una exigencia contable: se transforma en una expresión concreta de comunión, confianza y respeto hacia toda la comunidad eclesial.

Formarse juntos para caminar juntos

En su discurso de bienvenida, Mons. Matarrita expresó el deseo de que estas jornadas de formación no solo permitieran a los participantes «adquirir y profundizar sus competencias contables», sino que también se convirtieran en «una verdadera oportunidad de compartir fraternalmente y conocerse mejor».

Esta perspectiva resume quizás de la mejor manera el espíritu de la iniciativa. No se trata simplemente de aprender a llevar mejor las cuentas, sino también de crecer en la capacidad de compartir la responsabilidad sobre los bienes confiados a la Iglesia.

Entendida desde esta perspectiva, una buena administración se convierte en sí misma en una forma de servicio pastoral: protege los recursos, fortalece la confianza y permite orientarlos de manera más eficaz hacia su finalidad última, que es anunciar el Evangelio y servir al Pueblo de Dios.

En Bangui, durante estas jornadas de formación, contabilidad y misión se encontraron en torno a una convicción común: en una Iglesia sinodal, administrar bien significa también servir mejor.

Padre Aubert Gamende, mccj