In Pace Christi

Acedo García Fernando

Acedo García Fernando
Fecha de nacimiento : 11/03/1942
Lugar de nacimiento : Don Benito/España
Votos temporales : 01/05/1965
Votos perpetuos : 01/05/1971
Fecha de fallecimiento : 26/06/2008
Lugar de fallecimiento : Teticcia/Ethiopia

Hno. Fernando Acedo García (11.03.1942 – 26.06.2008)
A mediodía del 26 de junio, el Hno. Fernando regresó a su misión de Teticha (Etiopía) después de un viaje de dos días a Addis Abeba y Awasa. Tras llegar, todavía se puso a trabajar en la huerta de la misión por unas dos horas. A las tres de la tarde vino el superior, P. Paolo Paoli, y se pusieron a charlar comentando el viaje. Paolo le dijo amistosamente que se fuera a descansar un poco, que debía estar cansado. Sorprendentemente en Fernando, que nunca confesaba necesitar descanso, aceptó la idea y se fue gustoso a su habitación. Una hora más tarde, alguien le buscaba y el P. Paolo llamó a su puerta. Al no obtener respuesta, pensó que estaría dormido y no insistió. A la mañana siguiente, viendo que no se levantaba, Paolo fue de nuevo a su habitación, abrió la puerta y lo encontró recostado en la cama, vestido, ya frío y rígido. Es probable que su muerte se produjera el día anterior, poco tiempo después de retirarse a descansar. El Padre lo había llamado a descansar definitivamente en su casa. Tenía 67 años y no había dado hasta ese momento señales de enfermedad.
El funeral tuvo lugar el sábado 28 de junio, en la misión de Teticha. Unas tres mil personas abarrotaban la explanada delante de la iglesia parroquial, algo jamás visto anteriormente. El Hno. Fernando era muy popular en toda la comarca por sus muchos trabajos de agricultura, construcción de capillas…, pero sobre todo por su manera abierta y amistosa de relacionarse con todos. En particular, se había granjeado la amistad de los jefes tradicionales del pueblo sidama. Sólo a él le era permitido estar presente y fotografiar algunos de sus ritos religiosos tradicionales.
Aunque con frecuencia iba a hacer trabajos de construcción a otras misiones, incluidos varios meses en Sur Sudán, la misión que el Hno. Fernando consideraba su casa era Teticha. Allí estuvo destinado por 17 años. Repetía con frecuencia que allí quería morir y ser enterrado, junto al P. Gualberto Bormolini, que también tenía su tumba a la sombra de la iglesia. Dios se lo concedió, dándole además un funeral fuera de lo común. Quizá porque él había sido también un misionero fuera de lo común.
Su currículo misionero no tiene en sí nada de extraordinario. Fernando Acedo nació el 11 de marzo de 1941 en Don Benito, una ciudad eminentemente agrícola de la provincia de Badajoz (España), en el seno de una familia de agricultores. El ser agricultor fue para él más que un oficio; fue una pasión y una manera de ser. Fernando aceptaba los sacrificios y privaciones de la vida como algo que formaba parte de ella.
En 1963, a los 22 años, ingresó en el noviciado de los Misioneros Combonianos de Corella (y luego Moncada). Tras la primera profesión, el 1 de mayo de 1966, fue destinado a la casa de Moncada para el cuidado de la extensa finca. Trabajó también en la construcción de varias casas de la provincia de España. En 1974 fue destinado a Etiopía. Retrasos en los permisos de entrada hicieron que fuera enviado provisionalmente a la provincia de Togo-Ghana-Benín. En 1977 pudo entrar en Etiopía. La primera misión fue Dilla, en el Vicariato de Awasa. Allí puso en marcha sus planes agrícolas. Enseñaba algo de teoría en la escuela, que luego llevaba a la práctica con los estudiantes introduciendo cultivos allí desconocidos. Al cabo de dos años fue trasladado a la procura de Awasa. Eran los tiempos de la dictadura marxista de Menguistu Haile Mariam y era muy difícil conseguir el material necesario para el funcionamiento de las misiones. Con su camión, el Hno. Acedo recorría dos o tres veces a la semana los 275 kms que separan Awasa de Addis Abeba, para comprar los artículos más indispensables y distribuirlos a las misiones. Tras unos 8 años en este servicio, en 1987, fue destinado a la misión de Teticha. Y volvió a los programas de agricultura con los estudiantes. En la huerta de la misión crecía en abundancia toda clase de verduras.
En 1993 fue a España para un período de rotación. La pasión que había puesto en cultivar patatas, la puso ahora en dar testimonio de la vida misionera, un testimonio poco sofisticado oratoria o teológicamente, pero tan vivo que, a distancia de años, todavía lo recuerdan en los lugares por donde pasó (escuelas, parroquias, grupos…). En 1997 volvió a Etiopía, más en concreto, a su querida Teticha, donde se quedaría hasta el final de sus días.
Lo que es poco común en Fernando no es el currículo en sí mismo, sino la manera cómo lo encarnó. En aras de la brevedad, me limito a comentar las siete palabras clave que, para describir su vida, usó el provincial de Etiopía, P. Tesfaye Tadesse Ghebresilasie, durante el funeral.
- Oración: el Hno. Fernando comenzaba su día muy temprano con un largo tiempo -al menos una hora- dedicado a la oración. No es necesario decir que era esa la que daba tono y sabor al resto del día. Su fidelidad a la oración comunitaria era también escrupulosa.
- Trabajo: jornadas largas, intensas, una tras otra, sin preocuparse de comer, de tomarse un descanso.
- Simplicidad. Sus exigencias eran mínimas en todo: en el vestir, en el comer, en los objetos de que disponía. El campo de la fotografía era el único donde se permitía algún gasto “extraordinario”. Bien empleado era, porque su fotos y vídeos son una mina de material antropológico para el que quiera estudiar las costumbres sidamo.
- Transparencia: Fernando decía lo que pensaba de las situaciones. Juzgaba desde los valores que él vivía. Esto le hacía a veces duro y unilateral en sus juicios. Pero dicho lo que tenía que decir, seguía ofreciendo su apertura y amistad a todos.
- Generosidad: fue la palabra más repetida en el día de su funeral, desde los allí presentes hasta quienes hicieron llegar su pésame desde lejos. Siempre estaba dispuesto a prestar los servicios requeridos, aunque tuviera que multiplicarse. El que a veces los hiciera exactamente como deseaba quien se lo había pedido se prestaba a malentendidos y a que no se le agradeciera el esfuerzo que había hecho. No le importaba. En su corazón no había una lista negra.
- Alegría: Fernando llevaba a dondequiera que fuese la indestructible alegría que llevaba dentro y que era fruto del sentirse identificado con su vocación de servicio. En las asambleas y fiestas de comunidad, él era uno de los principales animadores de la parte lúdica. Sabía contar chistes. Eran chistes simples, hasta ingenuos, que nunca degeneraban hacia el mal gusto. Era su manera original de contarlos lo que daba el golpe.
- Amistad: Fernando era cálido, cercano y afectuoso en la manera de relacionarse con las personas. Todos se consideraban amigos suyos. Aunque a veces era brusco y hasta rudo, sobre todo con sus obreros, sabía luego bromear con ellos y tener detalles que compensaban esa rudeza.
- Libros: no era de esperar de alguien que no había ido muy adelante en sus estudios y que se pasaba el día en trabajos manuales fuera aficionado a la lectura. Pero Fernando lo era. Leía mucho, tanto libros de espiritualidad como de otros temas de interés. Y escribía. En primer lugar, escribía muchas cartas, todas ellas a mano. Escribía también artículos referentes a la cultura de los sidama, algunos de las cuales fueron publicados en las revistas combonianas.
En verano de 2007, mientras estaba de vacaciones en España, fue a visitar al P. Ivo Martins do Vale, su compañero de misión en Teticcia, que por motivos de enfermedad se había ido a Portugal. Estaban en la capilla y Fernando le dijo. “Antes de pedir tu bendición, te voy a dar yo mi bendición de Hermano”. Y le bendijo. Le pedimos ahora que, en esa bendición “de Hermano”, incluya a toda la provincia de Etiopía y a todo el Instituto.
(P. Juan Antonio González Núñez).