In Pace Christi

Marra Alberto

Marra Alberto
Fecha de nacimiento : 19/04/1930
Lugar de nacimiento : Filago (BG)
Votos temporales : 09/09/1958
Votos perpetuos : 12/03/1961
Fecha de ordenación : 16/07/1961
Fecha de fallecimiento : 03/10/2008
Lugar de fallecimiento : Milano/I

P. Alberto Marra (19.04.1930 - 03.10.2008)
El P. Alberto Marra nació en Filago, provincia de Bergamo, el 19 de abril de 1930. Entró en el noviciado en 1956, a los 26 años, e hizo el primer año en Gozzano y el segundo en Monroe, Estados Unidos. Emitió los votos temporales en 1958 y los perpetuos en 1961. Estudió tres años de teología en Cincinnati y el cuarto en el nuevo escolasticado de San Diego, California, y fue ordenado sacerdote el 16 de julio de 1961.
En 1962 fue mandado a la provincia italiana y permaneció dos años en la casa de Florencia como animador misionero, profesor y administrador.
Del 1963 al 1968, estuvo en la provincia de Uganda, trabajó en la parroquia de Aduku, diócesis de Lira. Después de un año sabático, que incluía el Curso de Renovación en Roma, volvió a Uganda, a la parroquia de Dokolo, siempre en la diócesis de Lira, y allí se quedó tres años. Ejerció con seriedad y empeño su ministerio pastoral entre los Lango.
En 1969 volvió a la provincia italiana, prestando servicio en diversas casas: en Padua, como animador misionero, en Brescia como ecónomo, en Roma como procurador provincial, encargado de la oficina de viajes y del ACSE (Asociación Comboniana al Servicio de los Emigrantes y prófugos), y en Messina como promotor vocacional, encargado del GIM y superior.
En 1974 hizo una experiencia de vida contemplativa en la Cartuja de Farneta, provincia de Lucca, pero, como escribiría más tarde, tuvo que “reconocer que no logró acallar el deseo hacia la vida apostólica”. Por eso precisamente es por lo que el P. Alberto volvió a los Combonianos.
Del 1978 al 1981 lo encontramos como superior de la Casa Madre, en un período importantísimo del Instituto. La Casa, cada vez más frecuentada por cohermanos, se había convertido desde hacía años en un Centro para Enfermos, y había siempre un ir y venir continuo. Se necesitaba calma y tranquilidad para afrontar todas las llegadas y salidas, la hospitalidad, las visitas de los parientes, etc. Además, en 1981 se unieron las celebraciones del Centenario del nacimiento en el cielo de nuestro fundador Daniel Comboni.
De 1982 a 1986 fue elegido procurador provincial y ecónomo local de la London Province.
Después, destinado a la Curia General de Roma, fue nombrado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide), primero, director espiritual y, más tarde, director responsable – entre unas cosas y otras hizo seis años – del prestigioso centro catequético misionero “Mater Ecclesiae” de Castel Gandolfo. El P. Alberto se empeñó en transformar el Centro en un ambiente familiar pero serio a la vez. Siendo una persona justa e imparcial, se encontraba a gusto entre los jóvenes, que también se daban cuenta de su atención e interés por ellos.
En 1994, asignado de nuevo a la provincia italiana, fue encargado del servicio a los extra-comunitarios del ACSE, de la animación misionera y de la oficina de los viajes, con residencia en San Pancracio en Roma. Su estancia allí se vio interrumpida por algunos meses de estancia en Milán para curarse (1998) y algunos meses más en Arco. En el 2000 fue enviado a Rebbio para encargarse de acoger y cuidar a los ancianos y para la animación misionera. Un tumor le truncó la vida el 3 de octubre de 2008, a la edad de 78 años. Fue enterrado en el mausoleo de los Combonianos, en el Cementerio de Brusuglio, cerca de Milán.
Recogemos el testimonio del P. Luciano Benetazzo: “Cuando conocí al P. Alberto, me impresionó su amabilidad, su buen humor. Lo volví a ver en el Capítulo General de 1979 y en el de 1993, cuando me pidieron asumiera la dirección del Colegio de Propaganda Fide en Castel Gandolfo, donde el P. Alberto se ocupaba de la formación de los catequistas. Pude invitarlo varias veces a que volviera a encontrarse con sus estudiantes: ¡teníais que ver cómo ululaban de alegría todos ellos al verlo! Sin temor a equivocarme puedo decir que el P. Alberto ha sido el director más creativo y lúcido de toda la historia del Colegio. A su experiencia misionera unía una gran inteligencia educadora: amaba a los jóvenes, los entendía y, a veces, por ellos, era capaz de excederse, pero solo cuando el corazón iba por delante de la mente. Le tenía un gran respeto y ahora lo recordaré para siempre con amistad y afecto”.