Lunes, 31 de agosto de 2026
La región oriental de la RD Congo es escenario de un nuevo brote del virus del ébola que, desde el pasado mes de mayo, ya ha infectado a más de 5.700 personas, de las cuales 2.700 han fallecido. El obispo Sikuli Paluku Melchisédech hizo un llamamiento a la responsabilidad individual y comunitaria para frenar la epidemia.
El brote de fiebre hemorrágica provocado por el virus del ébola está diezmando a las familias en tres provincias orientales de la República Democrática del Congo: Ituri, Alto Uele y Kivu del Norte.
El agente patógeno responsable del brote —la especie Bundibugyo del virus— no tiene cura ni vacuna. La enfermedad se propaga con gran rapidez y el riesgo de muerte es elevado si no se inicia rápidamente el aislamiento de los afectados y el tratamiento de los síntomas.
Según los expertos en salud pública consultados sobre el terreno, esta enfermedad se transmite de persona a persona mediante el contacto directo con fluidos corporales y a través del contacto con cadáveres infectados.
Actualmente, no existe ningún tratamiento antiviral específico y eficaz. Los profesionales sanitarios se limitan, por tanto, a tratar los síntomas.
Los líderes locales están comprometidos en la lucha contra la enfermedad que, junto con la inseguridad que se vive en la región, continúa cobrando numerosas vidas humanas.
La contribución de la Iglesia
La Iglesia tampoco permanece indiferente ante este brote de fiebre hemorrágica, el más rápido y letal de todos los tiempos.
El obispo de la diócesis de Butembo-Beni, monseñor Sikuli Paluku Melchisédech, preparó un mensaje titulado «Juntos para detener la propagación de la enfermedad causada por el virus del ébola», en el que presentó recomendaciones que las comunidades cristianas deben seguir para hacer frente a la epidemia.
Decretó la instalación de lavamanos o puntos de agua en las distintas entradas de las iglesias, santuarios, capillas y otros lugares de reunión o de celebraciones litúrgicas, e hizo un llamamiento al lavado de manos con jabón o desinfectante antes de entrar en los lugares de culto.
El prelado suspendió, hasta nueva orden, las misas exequiales con el cuerpo presente en las iglesias y trasladó la recogida de las ofrendas para después de la comunión. También suspendió las grandes actividades que implican concentraciones en los santuarios diocesanos.
La sensibilización y la prevención siguen siendo los medios más eficaces para frenar la rápida propagación de esta enfermedad, y la Iglesia está comprometida en este sentido.
Falta de medios y problemas de comunicación
La sensibilización pública no está exenta de dificultades, como la desconfianza entre los agentes responsables de la respuesta a la epidemia y la población. Esta, en ocasiones, incluso duda de la existencia de la enfermedad. Algunas personas esconden a los enfermos en sus casas, contribuyendo así a la rápida transmisión del virus.
A ello se suma la escasa disponibilidad de medios para el lavado de manos en algunos lugares públicos, como centros de salud, universidades, escuelas e iglesias.
La insuficiencia de información por parte de las autoridades sanitarias sobre la evolución de la enfermedad deja espacio para la propagación de noticias falsas (fake news).
La respuesta a la epidemia continúa en los frentes del tratamiento, la sensibilización y la prevención, con el fin de salvar vidas humanas e interrumpir la cadena de transmisión.
Este esfuerzo exige una toma de conciencia personal, responsabilidad comunitaria y solidaridad por parte de todos, para que la transmisión del virus del ébola pueda ser detenida.
Padre Michel Muhindo Kyasalya, mccj