Diez mandamientos del cristiano amigo de la Creación, con gestos misioneros

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Lunes, 7 de septiembre de 2026
Cada día podemos elevar a Dios una oración por la Creación. Pero el «Amén» significa transformar la oración en gestos concretos, porque la conversión ecológica comienza cuando comprendemos que cuidar de la Casa Común es un imperativo de nuestra fe.

Primero — Amarás la Creación como un don de Dios.
No mirarás la Naturaleza como algo que te pertenece, sino como un regalo que has recibido y que tienes la responsabilidad de entregar a las próximas generaciones.

Gesto misionero: Elegiré un lugar de la Naturaleza — un árbol, un jardín, un río, una playa — y me detendré unos minutos ante él. Lo observaré, daré gracias a Dios y me comprometeré a cuidar de este pequeño rincón de la Casa Común.

Segundo — No desperdiciarás.
Agua, alimentos, energía, ropa, papel, tiempo… El desperdicio puede parecer pequeño, pero multiplicado por millones de personas se convierte en una enorme herida para la Tierra. Antes de tirar algo, te preguntarás: «¿De verdad ya no necesito esto? ¿No conozco a alguien que pueda necesitarlo?». El desperdicio es una forma silenciosa de injusticia.

Gesto misionero: No tiraré comida que todavía pueda aprovecharse. La guardaré, la congelaré, inventaré una nueva comida con ella o la compartiré con alguien.

Tercero — No convertirás el consumo en un dios.
No comprarás simplemente porque puedes comprar. Aprenderás a distinguir entre aquello que necesitas y aquello que simplemente deseas. La felicidad no cabe en un carrito de compras.

Gesto misionero: Antes de comprar algo, esperaré 24 horas y me preguntaré: «¿Realmente necesito esto?». Si la respuesta es no, no lo compraré. Guardaré ese dinero para algo verdaderamente necesario o para ayudar a alguien.

Cuarto — Respetarás el agua.
No dejarás un grifo abierto inútilmente, no gastarás agua como si fuera inagotable y defenderás los ríos, arroyos, acuíferos y océanos. El agua es vida. No puedes comportarte como si fuera infinita.

Gesto misionero: Cerraré el grifo mientras me cepillo los dientes y reduciré el tiempo de la ducha. También calcularé cuánta agua he conseguido ahorrar a lo largo del día.

Quinto — No convertirás la Tierra en tu cubo de basura.
Reducirás, reutilizarás, repararás y reciclarás. Y recordarás que el mejor residuo es aquel que nunca llegó a producirse. Serás consciente de que el planeta no puede seguir recibiendo todo aquello que decides tirar, y de que reducir es mejor que reciclar.

Gesto misionero: Optaré por productos reutilizables en las tareas domésticas. Evitaré bolsas innecesarias. Rechazaré envases que no necesito.

Sexto — Protegerás a los animales y las plantas.
No considerarás inútil a una abeja, una golondrina, un árbol o una pequeña flor. Cada criatura tiene su lugar en la obra de Dios y en la maravillosa red de la vida.

Gesto misionero: Plantaré una flor, una hierba aromática u otra especie adecuada para mi espacio que pueda alimentar o dar refugio a los insectos. Si no tengo espacio, apoyaré una zona verde.

Séptimo — Cuidarás del clima también con tus pies.
Siempre que puedas, caminarás, usarás la bicicleta o el transporte público y reducirás aquello que contribuye innecesariamente al calentamiento del planeta.

Gesto misionero: Elegiré al menos un día de esta semana para realizar a pie, en bicicleta o en transporte público un desplazamiento que normalmente haría en coche.

Octavo — No serás indiferente.
Cuando veas un bosque destruido, un río contaminado, una playa llena de basura o una especie amenazada, no dirás simplemente: «Alguien debería hacer algo». Tú eres alguien. Cuando la Creación está amenazada, todos estamos llamados a actuar.

Gesto misionero: Elegiré un problema ambiental de mi localidad — basura, desperdicio de agua, árboles amenazados, contaminación o abandono de espacios verdes — y me informaré sobre él. Después, hablaré de ello con al menos una persona y aportaré mi contribución de la mejor manera posible.

Noveno — No usarás la Naturaleza solo para tu propio placer.
Cuando vayas a la playa, a la montaña o al campo, recuerda: estás visitando una casa que no es tuya. Dejarás detrás de ti únicamente huellas — y llevarás contigo fotografías, recuerdos y gratitud.

Gesto misionero: Durante mis caminatas, agradeceré a quienes mantienen limpios los espacios públicos; recogeré los residuos que encuentre por el camino (no hace falta esperar a una gran campaña para realizar una pequeña limpieza); y llamaré la atención a quien esté contaminando o ensuciando.

Décimo — Transformarás la oración en acción.
Rezarás por la Creación, sí. Pero la oración no puede terminar cuando dices «Amén». Te levantarás y harás algo por ella. Porque no basta con pedir a Dios que cuide de nuestra Casa Común si nosotros mismos nos negamos a cuidarla.

Gesto misionero: Cada día haré una breve oración por la Casa Común. Y, justo después, realizaré un gesto concreto de cuidado por la Naturaleza. Una oración. Un gesto. Todos los días.

Y un undécimo mandamiento — No dirás: «Es solo una pequeña cosa».

Un grifo cerrado.

Una comida no desperdiciada.

Una botella reutilizada.

Un árbol plantado.

Un trayecto realizado a pie.

Un trozo de basura recogido de la playa.

Un niño al que se le enseña a amar una flor.

Parecen pequeñas cosas.

Pero es de las pequeñas cosas de donde Dios hace nacer grandes cambios.

La conversión ecológica no comienza en el planeta.

Comienza en mí.

Y quizás la pregunta más importante de este mes sea esta:

«¿Qué cambio en mi vida nacerá de mi oración por la Creación?»

Fernando Félix