Martes, 3 de noviembre de 2026
Después de participar en un taller sobre comunicación pastoral y herramientas digitales, sentí el deseo de compartir algunas reflexiones sobre cómo la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, puede ponerse al servicio del Evangelio.
Vivimos en la era digital. Para nosotros, los misioneros, la cuestión ya no es si debemos utilizar las herramientas digitales, sino cómo hacerlo con sabiduría y discernimiento.
Jesús dice que todo escriba que se ha convertido en discípulo del Reino de los cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas (Mateo 13,52).
Nuestro tesoro está constituido por la Sagrada Escritura, la Tradición y los años de formación. Las herramientas digitales representan las cosas nuevas que podemos sacar de ese tesoro para ponerlas al servicio de la Palabra.
La Iglesia lleva tiempo animándonos a recorrer este camino. Benedicto XVI definió las redes sociales como «nuevos espacios de evangelización». El papa Francisco nos recuerda que los jóvenes viven en el mundo digital, un entorno que ofrece grandes oportunidades, pero que también presenta riesgos.
El papa León XIV, en Magnifica Humanitas, advierte del peligro de que la tecnología se convierta en una nueva Torre de Babel, construida sobre el orgullo tecnocrático y el dominio comercial. Al igual que en la reconstrucción de Jerusalén en tiempos de Nehemías, la tecnología debería contribuir a la paciente reconstrucción de la fraternidad humana.
Encontrar a las personas allí donde se encuentran
Felipe se encontró con un funcionario etíope en el camino, escuchó lo que estaba leyendo y luego le anunció la Buena Noticia (Hechos de los Apóstoles 8,26-40).
Hoy, ese camino pasa muchas veces por una pantalla. He aquí algunas maneras concretas de recorrerlo:
De la pantalla a los sacramentos
La pastoral digital es un umbral, no un santuario. Una pantalla puede despertar el interés y ofrecer oportunidades de acompañamiento. Sin embargo, no puede sustituir a la Eucaristía ni a la comunidad de los creyentes.
Utilizamos el contacto digital para acompañar a las personas hacia la parroquia, los sacramentos y el servicio a nuestros hermanos y hermanas.
Utilizar la IA con discernimiento
La tecnología debe estar al servicio de la persona humana. El papa Francisco nos invita a una comunicación guiada por la «sabiduría del corazón», mientras que el documento Antiqua et Nova enseña que la inteligencia artificial debe complementar y apoyar la inteligencia humana, nunca sustituirla.
En la práctica, esto significa:
El corazón de la misión
La verdadera sabiduría viene únicamente de Dios. La inteligencia artificial no puede sustituir los nueve o doce años de oración, estudio, experiencia pastoral y vida comunitaria que han contribuido a nuestra formación. Puede ayudarnos a compartir los frutos de nuestra meditación, pero no puede meditar por nosotros.
El horizonte que se abre ante nosotros es amplio. Que podamos caminar hacia él con valentía, humildad y fidelidad a Aquel a quien servimos.
Diácono Sylvestre Davon Kossigan, mccj