Jueves, 3 de septiembre de 2026
El comboniano padre Fernando Domingues presentó a los participantes en el Curso de Misionología, celebrado en Fátima la semana pasada, el tema «La misión en Portugal: contexto y desafíos».
Los misioneros procedentes de países en desarrollo que trabajan en países desarrollados tienden a generar cierta «confusión» en las comunidades cristianas que los acogen, debido al «modelo colonial de la misión, todavía muy presente hoy», en el que persiste la idea de que son los países del Norte Global los que apoyan a los del Sur, explicò el padre Fernando Domingues.
Durante una sesión formativa dedicada al contexto y a los desafíos de la misión en Portugal, el antiguo Superior Provincial de los Misioneros Combonianos en Portugal reveló que próximamente partirá hacia Mozambique.
Su próxima misión llevó a una mujer de su tierra natal —Calvão, en el municipio de Vagos, distrito de Aveiro— a entregarle 50 euros para que «se los diera allí a aquellos pobrecitos».
El religioso, que ya ha estado en misión en los barrios pobres de Nairobi, en Kenia, agradeció el gesto y explicó a los participantes en la formación qué hay detrás de esa actitud.
«Sigue presente la idea de que ellos no tienen nada, son pobrecitos y no tienen cultura ni religión. En cambio, nosotros tenemos medios, tecnología, dinero, cultura y religión».
Esta visión estuvo en el origen de diversos comportamientos: «La misión consiste en llevarles los bienes que tenemos. En la mentalidad de la gente de aquí, los otros eran como una especie de “saco vacío” que podíamos llenar con las cosas buenas que teníamos. La misión era vista de forma unidireccional. De aquí para allá. Llevar cosas, ideas, religión, etcétera».
Sin embargo, esta forma de entender la misión sigue presente en «la mentalidad de la gente de nuestra tierra» y, quizá, «también en la mentalidad de algunos misioneros y misioneras todavía hoy». «Es interesante que esta mentalidad continúe siendo, de alguna manera, todavía fuerte entre nosotros, incluso 60 años después del Concilio Vaticano II», padre Domingues señaló.
El misionero subraya que «se ha hecho mucho bien», pero que hoy surgen diversas preguntas. «Compartimos nuestro progreso y nuestra tecnología, les llevamos nuestras costumbres, nuestra manera de vivir, nuestra cultura, nuestra fe, la civilización cristiana, nuestras procesiones y tradiciones religiosas. Pero hoy alguien empieza a preguntarse: ¿y sus tradiciones culturales y religiosas? ¿No tenían ningún valor? ¿Siguen teniendo valor hoy? ¿Acaso Dios no estaba ya allí actuando en su experiencia de fe? ¿Por qué quienes viven en Mozambique o Angola debían asimilar la cultura portuguesa?»
El padre Domingues añade que, actualmente, es importante tener en cuenta que «las comunidades cristianas de las diferentes Iglesias pueden enriquecerse mutuamente y ayudarse unas a otras, de tal manera que el modelo de la misión ya no es unidireccional —una misión que va de un lado a otro—, sino un modelo circular».
«Todas las Iglesias, a medida que crecen y maduran, pueden recibir misioneros y enviar misioneros, de modo que la experiencia de una Iglesia enriquece la experiencia de la otra, y la otra Iglesia también puede enriquecernos a nosotros. El modelo circular de la misión es lo que la Iglesia nos propone hoy», concluye.
Juliana Batista – Fátima Missionária