Comboni, en este día

En este día (1873), Comboni envía al Card. Barnabò un informe sobre la misión.
Al periodista Girard
Es hora de mover a todos los corazones del universo para hacer amar a Dios, a la Iglesia, a su Jefe, a las Misiones y, sobre todo, a los más abandonados.

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Nº Escrito
Destinatario
Señal (*)
Remitente
Fecha
61
Pio IX
1
El Cairo
5.1861

N. 61 (59) - A PIO IX

SOLICITUD DE AUTORIZACION PARA BENDECIR

LOS ORNAMENTOS SAGRADOS

ACR, A, c. 21/18 n. 12

Mayo de 1861




 

62
Pio IX
1
El Cairo
5.1861
N. 62 (60) - A PIO IX

SOLICITUD DE AUTORIZACION PARA CELEBRAR

ANTE AURORAM Y POST MERIDIEM

ACR, A, c. 21/18 n. 13



Mayo de 1861





63
Don Félix Perlato
0
Lonigo
5. 6.1861

N. 63 (61) - A DON FELIX PERLATO

BCV, sez. Carteggi, b. 131 (Netti-Perlato)

Lonigo, 5 de junio de 1861, 9 p.m.

Revdo. Sr. Rector

[620]
Para mi gran consternación, esta tarde me olvidé de avisar a D. Bricolo que envíe quien me sustituya mañana y el viernes. Es sólo culpa mía. El jueves, me imagino que la afluencia de Sacerdotes rurales suplirá mi ausencia; mas, para el viernes, día del Sdo. Corazón de Jesús, he rogado encarecidamente a D. Bricolo que mande un suplente. Le pido excusas, Sr. Rector. Sigo yendo a Emaús; pero la enfermedad es crónica, me temo.


[621]
Así pues, le ruego que, sin nombrarme, envíe al sacristán a D. Bricolo para que éste mande un Sacerdote. Pero, por favor, no diga a nadie que estoy fuera, en Lonigo, y menos al sacristán; es cosa acordada con D. Bricolo. ¡Y cuidado, no se vaya a enterar D. Mazza!

Renovando mis excusas y ruegos, en los Sdos. Corazones de J. y M. me declaro



Su afmo. serv., Daniel Comb.






64
Card. Alejandro Barnabò
0
Verona
8. 7.1861

N. 64 (62) - AL CARD. ALEJANDRO BARNABO

AP SC Afr. C., v. 7, ff. 168-170v

Verona, 8 de julio de 1961

Eminentísimo Príncipe:


 

[622]
Debo confesar sinceramente mi culpable negligencia al haberme demorado hasta hoy en dar a V. Em.a Rvma. información sobre mi viaje a Oriente: ni el haber estado más de un mes muy indispuesto a causa de las fatigas padecidas el pasado invierno, ni las muchas ocupaciones que me atan son razones suficientes para justificar mi dejadez. Por eso imploro fervientemente de la bondad de V. Em.a Rvma. un benévolo perdón.


[623]
Obtenida en Roma una valiosa recomendación ante el Cónsul General inglés en Egipto, a primeros del pasado enero llegué a El Cairo, donde felizmente encontré al Provicario Aplico. de Africa Central, D. Mateo Kirchner, con quien conversé sobre todo aquello que deseaba V. Em.a,.que habrá recibido de él información al respecto. Luego continué mi viaje hasta Adén, donde con no poco esfuerzo conseguí siete chicos negros provenientes de las vastas tribus de los Gallas, que yo elegí con gran cuidado entre otros dieciséis. Y en beneficio de ellos, a pesar de la profunda enemistad y enfrentamiento que había entre el Gobernador inglés y el P. Juvenal de Tortosa, Prefecto Aplico. de aquella Misión, logré ganarme la confianza y amistad del primero, que me concedió todo lo que deseaba para proteger la asumida tutela de los jóvenes, y proveerlos de regulares pasaportes y ciudadanía británicos.


[624]
Luego, dado que por entonces recaló en Adén la fragata de vapor francesa Du Chayla, tuve el atrevimiento de implorar de S. Excelencia el Barón Gros, Embajador extraordinario de Francia en China, pasaje gratuito para mí y para los siete chicos desde Adén hasta Suez, lo que me fue gentilmente concedido por el digno representante de esa Nación, que es la verdadera protectora del Cristianismo en Oriente. Llegado a El Cairo, y presentada al Excmo. Sr. Colgahoon, Cónsul General de S. M. Británica en Egipto, la recomendación que había conseguido en Roma de lord John Pope Hennesy, recibí una carta de recomendación, mediante la cual el Cónsul General inglés, enemigo de la obra del P. Olivieri, ordenaba a S.E. Sir Sidney Smith Launders, Cónsul inglés en Alejandría para los asuntos comerciales, que hiciera las gestiones necesarias ante el Bajá, a fin de facilitar la salida de mis jóvenes para Europa. En dos días arreglé todo, tanto con Sidney Smith como con Rachid Bajá, Gobernador de Alejandría. Pero la mañana del 6 de marzo, cuando llegué al puerto para embarcar en el vapor francés que, gracias a la gentil mediación del Cónsul general de Francia en Egipto, me iba a llevar con todos los jóvenes por sólo 420 francos hasta Génova, nos detuvieron a todos en la Aduana.


[625]
Es inútil que refiera detalladamente a V. Em.a los obstáculos, la fianza, y la áspera discusión a que me vi abocado en nueve entrevistas que mantuve con Rashid Bajá de Alejandría. El gobierno egipcio, sospechando que yo fuera compañero del P. Olivieri despreció mis documentos y pasaportes ingleses que declaraban a los jóvenes súbditos británicos de las Indias, lo que contrastaba con el color de los chicos, los cuales fueron tomados por abisinios. Todo el Diván del Bajá se puso contra mí, que siempre mantuve inflexiblemente que los jóvenes eran indios. De hecho, a la suerte de haber conseguido en Adén que los declarasen súbditos británicos, se añadía que hablaban un poco la lengua indostánica.


[626]
Después de mi áspero conflicto con el Bajá y el jefe de la Aduana, tomó la palabra un Effendi funcionario egipcio, que con franqueza se expresó así delante del Bajá: «Estos jóvenes no son indios, sino abisinios. Yo he estado en las Indias, y nunca vi gente de este color: los indios son casi blancos de cara, mientras que éstos son negros». A lo que yo respondí: «Tú habrás estado en las Indias, lo creo; pero las Indias son vastísimas, y no has estado en todas partes. Quizá no estuviste apenas más que en los puertos: en Bombay, Mangalore, Madrás, Ceylán, Calcuta, pero no en el interior. No habrás estado en... (y aquí improvisé diez o doce nombres inventados, que desde luego no figuran en ninguna geografía)». «Tienes razón –me respondió–, no he estado en los lugares que has nombrado». Entonces el Bajá me tendió la mano, me hizo sentar en el diván, y mandó traerme el café y la pipa. «Veo –dijo–, que tienes razón, y que tus documentos concuerdan perfectamente con tus palabras». E inmediatamente dio orden al jefe de la Aduana, que temblaba de rabia, de dejar salir a mis jóvenes de Alejandría.


[627]
Gracias al Señor, desde el momento en que me hice cargo de estos chicos en Adén, no han sufrido nunca la más pequeña indisposición. Por otra parte, prometen ser muy adecuados para el fin de la Misión. Más, ya no puedo afirmar. Veremos. Llevé también desde El Cairo, una chica Denka de gran talento, que nos sirvió en Sta. Cruz para componer lo mejor que pudimos un diccionario de la lengua denka. Yo se la pedí al Provicario con idea de introducir en nuestros Institutos Africanos de Verona la genuina pronunciación de esta lengua, necesaria para el ejercicio del ministerio apostólico en aquella peligrosa Misión.


[628]
Ahora estoy enseñando árabe e italiano a los nueve chicos Gallas que ya tenemos en nuestro Instituto; pero, conociendo yo poco, y por práctica, la lengua de los Gallas, imploro de V. Em.a el favor de enviarme por medio del oficial D. Felipe Torroni la gramática y diccionario inglés-galla, que creo haber visto en la Imprenta de Propaganda. El Sr. Torroni la entregará luego en el sitio que yo le indique. Perdone V. Em.a mi atrevimiento; pero confío en la bondad que me demostró cuando obtuve la gracia de entrevistarme con Ud.


[629]
Mi Superior, D. Nicolás Mazza, le presenta sus respetos. Por un milagro casi continuo, ahora tiene que luchar con la indigencia causada por las actuales circunstancias políticas, e ingeniárselas para mantener gratuitamente bastantes pobres en el Instituto, que está compuesto por 200 personas, y en el femenino, en el que hay 400 chicas. Pero las maravillas de esa Providencia que lo sostiene desde hace más de cuarenta años –aunque a veces se muestre con rostro ceñudo– le hace seguir firme al pie del cañón en sus obras de cristiana filantropía.


[630]
Por no cansar a V. Em.a Rma., no le he escrito un extenso relato de mi pequeña pero difícil expedición, como hice a Mons. Nardi y a S.E. el Cab. De-Hurter, Presidente de la Sociedad Mariana de Viena. Me ha parecido suficiente mencionarle sólo mi feliz regreso de Adén, pensando que luego podrá leerlo todo en nuestros Anales.


[631]
En cartas escritas desde el Alto Egipto, Kirchner pedía que yo volviera pronto a Africa para realizar la expedición por el Nilo Blanco, remontando el río con el Stella Mattutina hasta el territorio de los Bari; pero necesitándome para dirigir el Instituto africano y para instruir a los Gallas recién traídos de Adén, el Superior se ha negado a mandarme, considerando que por ahora pueden bastar los otros Misioneros veroneses que hay en Schellal.

Implorando su benigna indulgencia, paso a besarle la sagrada Púrpura y a declararme fervientemente

De V. Em.a Rma.

humilmo., obedmo. e indignmo. serv.



Daniel Comboni






65
Don Felipe Torroni
0
Verona
8. 7.1861

N. 65 (63) - A DON FELIPE TORRONI

AP SC afr. C., v. 7, f 169

Verona, 8 de julio de 1861

Muy Revdo. Sr.:


 

[632]
En caso de que S. Eminencia tuviese a bien pedirle que me buscase la gramática galla en inglés, o el diccionario inglés-galla, o ambos, en la Imprenta de Propaganda, rogaría de su gentileza que lo hiciese llegar a manos de Mons. Nardi, Auditor de la Sagrada Rota, que se encuentra cerca de Propaganda, en el palacio Torlonia, en Via Bocca di Leone.

En la seguridad de alcanzar el implorado favor, le anticipo mis expresiones de agradecimiento, y me declaro con todo respeto

De V.S. Rma. devotmo. serv.



Daniel Camoboni

ex Misro. Aplico. en Africa Central






66
Conde Guido de Carpegna
0
Verona
10. 7.1861

N. 66 (64) - AL CONDE GUIDO DE CARPEGNA

AFC, Pesaro

Verona, 10 de julio de 1861

Mi querido Guido:


 

[633]
No crea que por haber estado hasta ahora en silencio me he olvidado de Ud. De ninguna manera: le he escogido como amigo, y siempre le llevo en el corazón. Pero si por muchas circunstancias no he podido cumplir hasta ahora este grato deber de amistad, no aprenda de mí a mantenerse en silencio, porque es mi más ardiente deseo que se establezca entre nosotros una perenne comunicación epistolar que nos tenga recíprocamente al corriente de nosotros, de nuestros afectos, de lo que hacemos, de todo.


[634]
Yo conservo mi diario, y leo con gozosa complacencia, el hermoso soneto que Ud. improvisó a nuestro paso por la antigua madre de los héroes; y a menudo acuden a mi mente sus magníficas creaciones poéticas, que son dignas de público conocimiento y elogio. Recuerdo con complacencia nuestras agradables conversaciones, en las que al más sincero de sus amigos hizo Ud. depositario de sus confidencias y de los dolorosos y queridos recuerdos de la ciudad de los Césares; y en las que habiendo yo conocido su alma ardiente y generosa, ganó Ud. mi corazón. Por eso puede comprender cuán vivo es mi deseo de recibir sus cartas, y de gozar de su plena, ilimitada y sincera confianza y amistad, como le aseguro es Ud. poseedor de la mía. ¡Ah, qué gratas son las palabras de un amigo lejano!


[635]
Pero pasemos a otra cosa. Yo pensaba escribir a la Princesa madre, de la que he recibido tantas gentilezas. Mas, dado que le escribe una de mis Monjas, que tuve la suerte de conocer en Trieste, y estando escaso de tiempo, por esta vez me abstengo, dejándolo para otra ocasión. Mientras, renueve mi sinceras expresiones de agradecimiento a la digna Princesa, a quien llevaré siempre en el corazón, y por quien rogaré a Dios para que le conceda ese consuelo que haga más dichosa su preciosa vida. La primera vez que Ud. me escriba hágame saber su nombre. Quisiera escribir al Sr. Conde D..., su querido y digno tío, pero no tengo tiempo. Preséntele mis respetos, y dígale que desearía entrar en su corazón y consolarle; y bendigo al Señor porque los graciosísimos y queridos jovencitos Estanislao y Casimiro le hacen concebir justificadas y sublimes esperanzas, y se muestran dignos de él.


[636]
Yo estoy aquí orgulloso de haber sido elevado a la excelsa dignidad de profesor de primeras letras de árabe. Qué remedio. Entre otros, tengo nueve alumnos Gallas, a los que nadie puede enseñar, salvo yo, porque aunque en mi Insto. hay muchos que conocen el árabe, ninguno sabe el indostánico y el galla aparte de mí, que los chapurreo un poquitín. A la vez me dedico a predicar, y mantengo correspondencia con la Misión de Africa Central.


[637]
Hubo una ocasión en que casi estuve a punto de ir a Roma; pero pude arreglar mis asuntos por carta. He hablado muchas veces de Ud. a la Princesa María Ghigi Giovanelli; le he dado a conocer ampliamente su talento para la poesía, y que pronto serán publicadas bastantes de sus bellísimas creaciones. Ella conoce a su padre de Ud. Si hubiera podido ir a Roma, no hubiera dejado de visitar a su noble familia y hablarles de Ud., de nuestra estancia en Egipto y de nuestro poético viaje, que en el furor de la borrasca se volvió prosaico. Pero habrá otras ocasiones. Mientras, espero con ilusión el momento de verle en Verona. Ah, mi buen amigo Guido, a quien tanto estimo y quiero, ¿vendrá Ud. aquí? ¿Podré darle un abrazo y gozar de su compañía? Haga lo posible, y consuele a un amigo que le tiene tanto afecto.


[638]
Pero, ante todo y por ahora, escríbame. Hágame saber su estado de salud y de ánimo. ¡Resultan tan dulces y gratas las efusiones de un alma hermana, de quien encuentra un eco en el corazón capaz de comprender al amigo! ¿Ha paseado en estos tres meses del septentrión por los plácidos cerros del Parnaso? ¿Quizá las recientes vicisitudes de Polonia, y la situación en que Ud. se encuentra de oír inmediatamente noticias al respecto, han incitado a su musa a prorrumpir en apasionados versos?


[639]
Yo termino estas breves líneas asegurándole que si en la presente ocasión he sido lacónico y estéril, no lo seré en el futuro. Consérvese en buena salud, diviértase y, sobre todo, aprecie la buena compañía de sus familiares, con los que tuve la dicha de compartir los temores de la tempestuosa navegación por el Adriático y el Mediterráneo; esos familiares suyos que son espejo de la verdadera nobleza. Presente mis respetos a todos ellos; y enviándole un fuerte abrazo, paso a declararme con toda estima y afecto



Su fidelmo. amigo

Daniel Comboni M.A.




[640]
Mis siete Gallas le mandan recuerdos. Sobre todo Luis, que está aquí, venga a insistir, y que, llevándose las manos al mentón, me dice sellem ala abu dagn min andi: saluda al señor padre de la barba. Adiós nuevamente.






67
Don Félix Perlato
0
Verona
28. 8.1861

N. 67 (65) - A DON FELIX PERLATO

BCV, sez. carteggi, b. 131 (Netti-Perlato)

S. Carlo, Verona, 28 de agosto de 1861

Revdo. Sr. Rector:


 

[641]
Mañana me es imposible ir a la Scala para la Santa Misa, dado que no he podido oponerme a la voluntad de los Superiores, que por una circunstancia extraordinaria quieren mandarme a la cercana iglesia de Sto. Tomé.

Presentándole mis excusas, me declaro con todo respeto



Su humilmo. serv.

Daniel C. m.a.






68
Su padre
0
Viena
8.10.1861

N. 68 (66) - A SU PADRE

AFC

Viena, 8 de octubre de 1861

Queridísimo Padre:


 

[642]
Te comunico que estoy bien, y que mis asuntos van de maravilla. El hijo del hortelano está en contacto con las más altas personalidades de Viena, acogido cordialmente por todos. Las cosas van demasiado bien: es imposible que duren. Aquí, con gran dolor por mi parte, no tengo más remedio que ahogar mi sentimientos hacia mi amada patria y permanecer callado ante las expresiones más contrarias al sentido común. Pero lo importante es que encuentro la máxima gentileza y un gran espíritu en los grandes, que admiran al Misionero y dan limosnas para la Misión Africana sin que nadie diga nada. Adiós. Saludos a Eugenio y a todos los parientes, y cree que te quiere



Tu hijo Daniel






69
P. Ludovico de Casoria
1
Viena
10.1861

N. 69 (67) AL PADRE LUDOVICO DE CASORIA

AFBR, c. Africa-Moretti

Viena, octubre de 1861

Breve carta de De Hurter y de Comboni.




 

70
Don Nicolás Mazza
0
Roma
25.12.1861

N. 70 (68) - A DON NICOLAS MAZZA

AMV, Cart. «Missione Africana»

Roma, 25 de diciembre de 1861

Muy Revdo. Superior:


 

[643]
Apenas llegado a Roma, no quiero que transcurra un sólo instante más sin haberle escrito. Habiendo salido de Verona el pasado lunes, día 16, el 19 por la noche, o sea el jueves, ya había entrado en el puerto de Nápoles. El P. Ludovico de Casoria, Superior del Instituto de los negros, acogió de muy buena gana a los tres negritos que yo llevaba, pese a sus precarias condiciones físicas; y ahora está aún más contento, porque tres profesores en medicina le han dicho en mi presencia que seguramente en un año estarán perfectamente curados.


[644]
El que me dio más problemas fue Nasri, nuestro negro Nasri, el ex clérigo, que no queriendo de ninguna manera quedarse en Nápoles, me pidió volver a Verona. Y el P. Ludovico también me rogó encarecidamente que se lo permitiera.


[645]
No hubo, hay, ni habrá forma de hacerme cambiar de opinión. Y entre otras cosas, para convencer al P. Ludovico de las razones de mi negativa, le expuse los malos sentimientos, expresados delante del P. Ludovico, que Nasri alberga contra mí y contra el Insto. En suma, a veces me parece un pequeño demonio; y siempre voluble, porque un día quería ser sacerdote, otro fraile, luego médico, después artista, etc., etc.


[646]
Espero, Sr. Superior, que no se le ocurrirá admitirlo. Ya puede figurarse cómo echaría él a perder a nuestros nuevos y buenos negritos. El P. Ludovico no tiene más remedio que dejarle irse de La Palma. Y después de mi rechazo decidió mandarle a sus expensas a donde el joven quiera, excluido nuestro Insto. de Verona.


[647]
Yo me encuentro muy bien, a pesar de la tremenda tempestad de anoche yendo en el vapor francés desde Nápoles a Civitavecchia. Don Bonomini ya está colocado fijo en el Insto. de La Palma, después de acordadas unas condiciones muy favorables. Al padre Ludovico le expliqué francamente que no pertenece a nuestro Insto y es totalmente libre, y que por lo tanto podía actuar según su criterio, sin sentirse obligado de ninguna manera a hacer excepciones por consideración a nuestro Insto. Le aseguré, eso sí, que D. Bonomini será exacto en enseñar a las horas establecidas, y que posee el conocimiento teórico de algunas lenguas.


[648]
Esta carta es lo primero que he hecho en Roma, porque acabo de llegar. Mañana iré a mi alojamiento de costumbre; y espero tener una larga audiencia con el Santo Padre, porque hasta después de la Epifanía son las ferias de las Congregaciones. Espero despachar en pocos días las muchas cosas que tengo que hacer en Roma, y estar en Verona para la próxima Epifanía.


[649]
Mientras, reciba mis considerados respetos. (Veo que se preparan grandes cosas para Africa.) Saludos a D. Bricolo, a D. Tomba, a nuestro futuro Obispo Canossa, a los maestros y maestras, y a D. Donato, y a Tregnani, etcétera, y a Festa, mientras me declaro en los Sdos. Corazones de Jesús y de María

De Ud. indignmo. y obedmo. hijo



Daniel Comboni